lunes, 9 de junio de 2014

ROJO Y NEGRO, de Stendhal

Rojo y negro es uno de esos novelones del XIX que nos mantienen cosidos a la lectura. Tiene la pegada de los clásicos y la fuerza, por tanto, de las grandes pasiones universales. Pero la historia está escrita en un momento histórico determinado y, esa es otra de sus virtudes, podemos observar —como en un gran friso— la historia real de las relaciones humanas en una época concreta y en una clase establecida.

Inicio de la novela realista, final de la novela romántica, novela psicológica. Todas estas etiquetas y alguna otra más se han propuesto para situar Rojo y negro. De todas ellas tiene algo y en ninguna encuentra acomodo cabal, porque las grandes historias desbordan cualquier precinto con el que se quieran contener.

Publicada en 1830, nueve años después de la muerte de Napoleón y poco antes de que estallara la revolución liberal, la novela nos cuenta las peripecias de un joven campesino especialmente inteligente y con una memoria prodigiosa. Su juventud, su belleza y sus cualidades harán que dos mujeres de la alta sociedad se enamoren de él. Amores a los que él corresponde. La una pertenece a la nobleza provinciana; la otra, a la más alta nobleza parisina.

Con esos elementos Stendhal nos introduce en los problemas sociales de aquel momento, compone un cuadro de ricas variedades psicológicas y nos ofrece un relato lleno de interés, ágil, bien contado y en el que aparecen vaticinios no siempre certeros: "Dentro de cincuenta años no habrá en Europa más que presidentes de república y ni un solo rey (...) No habrá más que candidatos haciendo la corte a sucias mayorías". (p 396; las cursivas son del autor).

En otras ocasiones, lo que encontramos son reflexiones cargadas de pesimismo a las que tal vez no les falte razón: "No existe un derecho natural (...) Aparte de la ley, no hay nada tan natural como la fuerza del león o la necesidad del individuo que tiene hambre, que tiene frío, en una palabra: la necesidad... No; las gentes a quienes se honra no son más que bribones que han tenido la suerte de no ser cogidos in fraganti". (p 513; las cursivas son del autor).

Seguramente el protagonista (Julien Sorel) no es uno de esos personajes que nos atraen de principio a fin y con los que fácilmente nos identificamos, pero la novela se nos queda pegada a las manos y la impresión que nos deja después de haberla leído es larga y profunda. Puede ser una buena recomendación para el verano, si es que no la habéis leído ya.

Feliz lectura.

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