sábado, 27 de octubre de 2012

ANÍBAL NÚÑEZ, 2

Fotografía de José Núñez Larraz
Desde aquí podéis acceder a la colección de poemas que hoy mismo he terminado de preparar. De paso os presento uno de sus poemas, el que abre la colección Taller del hechicero.


JUEGOS FLORALES EN UQBAR

No cualquier cosa. Puede deslizarse
una alusión al Ganges que se salte las normas
un aluvión de llanto que no tenga sintaxis
adecuada a este orbe
                               Un buen soneto
con fragancia a Petrarca incluso puede
hacer que se presente el propio diablo
y agüe la fiesta de los evadidos
y amargue los pasteles de dulzor primigenio.

Que nadie se asuste ante una primera lectura infructuosa. Este poema, como el libro entero, es hijo de su tiempo, es decir, del culturalismo que se practicaba entre los poetas de esa generación, de las teorías sobre la muerte del autor que estudiaban en la universidad, y de la práctica, también muy del gusto de la época, de hacer poesía sobre la propia poesía, o sea, metapoesia. Vayamos despacio.

El título nos da la primera pista: se trata de una ciudad inexistente, creada por la imaginación de Borges (Ficciones, 1944) y de la que nos dice que era una ciudad donde se practicaba una literatura de carácter fantástico, sin relación con la realidad. Y como los juegos florales ya sabemos lo que son, podemos sospechar que el poema es una especie de poética, una reflexión sobre lo que debe o no debe ser un poema.

A partir de aquí, y a pesar de que Núñez pone especial empeño en escribir con una sintaxis rota y nos escamotea muchos de los elementos necesarios para la comprensión total de la oración, podemos entender que para escribir poesía no vale cualquier cosa, sino que debemos perseguir la originalidad y transgredir alguna que otra norma, incluso la explosión emocional es aceptable, siempre y cuando no tenga sintaxis adecuada.

Más ambiguo se muestra el autor en la segunda estrofa, donde no acaba de quedar claro si los términos que aparecen deben tener un carácter positivo o negativo (diablo, evadidos, pasteles), porque en función de que les demos un valor u otro, nos vamos a situar en un lado o en otro de la movida poética. Hay que entender evadidos, claro, como los que han abandonado la práctica de la poesía clásica (medida, rima, normas...).

En cualquier caso, la ambigüedad del poema es deliberada, ya que su propia construcción así lo indica: metrica muy contenida (endecasílabos y alejandrinos) por un lado; por otro, uso absolutamente coloquial del lenguaje con una sintaxis irregular. Añadamos a esto la ausencia del yo poético y la indeterminación general del poema. Está claro: el autor se retira para que el lector sea el constructor del poema. Todo muy marca R. Barthes

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