domingo, 7 de septiembre de 2008

ANTONIO GAMONEDA

Durante este verano me he dedicado a estudiar la obra de Gamoneda para poder preparar la tertulia de noviembre.

No es, de ninguna manera,un poeta fácil. No es uno de esos poetas a los que llegamos con una primera lectura. Tiene su dificultad e incluso podemos decir que, en ocasiones, resulta hermético. Pero esta característica no debería servir para descalificar a un escritor.

La cuestión es que buceando en busca de ayuda en lo que sobre este poeta se ha escrito -especialmente a partir de la concesión del Premio Cervantes- me he encontrado con abundantes comentarios descalificatorios, algunos de dudoso gusto o incluso de mal gusto.

Todos tenemos derecho, no lo pongo en duda, a ejercer nuestros gustos y a señalar cuáles son nuestros libros preferidos. Es más, todos tenemos derecho a expresar en voz alta cuáles son esas preferencias. Lo que pongo en duda es la validez, la moralidad incluso, de esos comentarios que surgen del desconocimiento de la obra, de la pereza de quien los hace y de la falta de interés por lo que el texto dice.

Descalificar una obra cuando no se ha hecho el esfuerzo de entenderla me parece profundamente arbitrario e injusto.

Gamoneda, es cierto, exige tiempo y relectura. Y si no estamos dispuestos a ofrecer ese tiempo, es mejor que lo dejemos. Descubrir las claves con las que nos habla, introducirse en su mundo, requieren paciencia y atención. Sólo después de haber hecho este ejercicio; en definitiva, sólo después de haber comprendido -o creer haber comprendido-, es decir, sólo desde la honestidad, se puede decir si una obra merece la pena ser leída o no. Y, en cualquier caso, nunca deberíamos utilizar el insulto, que nada tiene que ver con la crítica ni el comentario.

Comparto con Miguel Casado -excelente exégeta de la poesía de Gamoneda- la opinión de que nuestro poeta es "serio, melancólico y apasionado". Por tanto, a quien no le guste ese punto de tristeza que recorre toda su obra, posiblemente no le entusiasme nada su poesía. Y ya sabemos que todo lector tiene el derecho a abandonar la lectura de un libro como y cuando quiera. Faltaría más.

Para los que estéis interesados en realizar el esfuerzo que su obra exige, os recomiendo los trabajos de Miguel Casado (la introducción del libro Edad, Cátedra, 1987, y el epílogo del libro Esta luz, Galaxia Gutenberg, 2009), así como los comentarios de Prieto de Paula en Antonio Gamoneda. Antología poética, Ediciones leonesas, 2002.

Como aperitivo os dejo un poema del Gamoneda sencillo:


Es un hombre. Va solo por el campo.
Oye su corazón, como golpea,
y, de pronto, el hombre se detiene
y se pone a llorar sobre la tierra.

Juventud del dolor. Crece la savia
verde y amarga de la primavera.

Hacia el ocaso va. Un pájaro triste
canta entre las ramas negras.

Ya el hombre apenas llora. Se pregunta
por el sabor a muerto de su lengua.

1 comentario:

  1. estamos dentro ¡¡¡¡
    y hemos llegado para quedarnos.

    besos y adelante ¡¡¡
    diego y nerea

    ResponderEliminar

Todos los comentarios que estén firmados serán bienvenidos, pero no mantendré anónimos.