Ibon Martín, Euskal Herria olvidada. |
Animado por esta descripción de Ibon Martín —Euskal Herria olvidada—, estuve el pasado domingo descubriendo el paisaje interior de ese precioso pueblo costero y recordando conceptos ya casi olvidados de la época de estudiante.
Efectivamente, el barrio de Olatz está situado en un agujero, poljé para geógrafos y geólogos, originado por la erosión de los suelos calizos. Pero yo no iba allí para recordar cómo se forman los paisajes kársticos, sino para disfrutar de un paseo más que agradable y de los encantos naturales de la zona.
Ermita de S. Isidro y restaurante. |
Cría de pottoka. |
Estela de Arrikrutz. |
Y también, es cierto, movido por la curiosidad de los seles de los que nunca había oído hablar. Ni tan siquiera sabía si la palabra sel podía ser un vocablo vasco o castellano. Lo primero que hice fue mirar en el maría moliner. En tamaño reducido (vocablo desusado) decía: (Santander). Prado en que sestean las vacas. Me pareció una simpática definición, pero insuficiente. Miré en el de la RAE y allí, en el panhispánico del español jurídico apareció algo más ajustado y que efectivamente tiene que ver con lo que Ibon Martín nos dice en su guía de bolsillo.
Una vez en casa y movido por la curiosidad, encontré este ilustrativo trabajo de Iosu Etxezarraga Ortuondo, editado por el Departamento de Cultura y Política Lingüistica del Gobierno Vasco, sobre el origen, evolución y las actividades de los seles en el País Vasco. En él, por ejemplo, se puede leer: Desde el punto de vista lingüístico, se han recogido una variedad de nombres
para designar este elemento patrimonial. En euskara los nombres más comunes han sido
los de sarobe o saroi (especialmente en la mitad este de Gipuzkoa) y korta o gorta (en el
resto de Gipuzkoa, Araba y Bizkaia), aunque para Zuberoa se los ha relacionado también
con el sufijo -olha. En cuanto a su designación en lengua castellana el término empleado
ha sido el de sel (atestiguado a partir del siglo XIII) y, en un pasado más remoto, los
documentos redactados en distintos romances los denominaron bustalizas o cubilares. Más adelante: Aunque las primeras referencias a los seles parecen ser del siglo IX y se dan en
la zona de Huesca, Cantabria y Navarra, las referencias más tempranas para el País Vasco
se documentan a mediados del siglo XII. O también: Guardan también una riqueza inmaterial subrayable y, aunque su
función es eminentemente de carácter económico, fueron testigos de manifestaciones
rituales de gran interés. Podemos señalar en especial una tradición que se atestigua desde mediados del siglo XV, que consistía en depositar restos de un hogar o de cenizas
y un fragmento de teja bajo el mojón central. Este rito será el que dará el nombre de
austarria o austarriza a dicho elemento (la negrita es mía).
Curiosidad saciada. Ocurre a veces que un simple paseo por el monte se convierte en un divertido viaje por la historia y las costumbres de un pueblo. ¿Realidad aumentada... de tipo tradicional?
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