viernes, 5 de enero de 2018

EL LAZARILLO DE TORMES


Pues sepa vuestra merced ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tome González y de Antonia Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tome el sobrenombre, y fue desta manera. Mi padre, que Dios perdone, tenia cargo de proveer una molienda de una acena, que esta ribera de aquel río, en la cual fue molinero mas de quince anos; y estando mi madre una noche en la acena, preñada de mí, tomole el parto y pariome allí: de manera que con verdad puedo decir nacido en el río. Pues siendo yo niño de ocho anos, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo que fue preso, y confeso y no negó y padeció persecución por justicia. Espero en Dios que esta en la Gloria, pues el Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra moros, entre los cuales fue mi padre, que a la sazón estaba desterrado por el desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue, y con su señor, como leal criado, feneció su vida.

Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determino arrimarse a los buenos por ser uno dellos, y vinose a vivir a la ciudad, y alquilo una casilla, y metiose a guisar de comer a ciertos estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del Comendador de la Magdalena, de manera que fue frecuentando las caballerizas. Ella y un hombre moreno de aquellos que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venia a nuestra casa, y se iba a la mañana; otras veces de día llegaba a la puerta, en achaque de comprar huevos, y entrabase en casa. Yo al principio de su entrada, pesabame con el y habiale miedo, viendo el color y mal gesto que tenia; mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños, a que nos calentábamos. De manera que, continuando con la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a calentar. Y acuerdome que, estando el negro de mi padre trebejando con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía del con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decía: "¡Madre, coco!".Respondió él riendo: "¡Hideputa!"


                        (Edición de Burgos, 1554. Interpolaciones de la edición de Alcalá, 1554)

El lazarillo... es el texto narrativo más leído de la literatura escrita en castellano del siglo XVI. Situado entre dos gigantes, La Celestina y El Quijote, este relato breve inventó por sí mismo un género, el picaresco, y rompió con los modelos sentimentales, idealistas y pastoriles que hasta entonces eran los dominantes. Calificado por algunos como literatura juvenil o escolar, esta obra ha sido leída, es cierto, durante la época escolar, pero se aprecia infinitamente mejor y se disfruta mucho más si se lee en la edad adulta y por iniciativa propia.

Nada que pueda decir yo va a añadir algo nuevo a lo que ya han dicho cientos de trabajos y estudios realizados por auténticos especialistas. Solamente puedo sumarme a las voces que recomiendan su lectura e insistir en el placer que vamos a encontrar en ella... si es que hay alguien que pase por aquí y no haya leído todavía este maravilloso cuento largo o novela corta. En cualquier caso, sí me atrevería a aconsejar que no se lea una de esas adaptaciones "blandas" realizadas para la infancia.

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Versión cinematográfica de 1959 dirigida por César Fernández Ardavín. Ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín.


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