lunes, 18 de diciembre de 2017

DE EINSTEIN AL CANSINO TRABAJO DE PONER LAS COSAS EN SU SITIO

Fuente: Wikipedia
Poco después de dar ayer mismo noticia del librito sobre Einstein y su cuadrilla, leía un artículo de Carlos Sabín en Investigación y Ciencia, que bajo el título de Los antieinstein nos vuelve a recordar esa incansable afición del personal de todas las latitudes a poner en boca de alguien, el padre de la relatividad en este caso, algo que nunca dijo. Esta "enfermedad", claro, solamente afecta a los grandes nombres. En el caso de la literatura Borges, García Márquez o Neruda, por citar solo algunos, la sufren también con gran intensidad. La cantidad de cursilerías y expresiones lacrimógenas que se les atribuyen daría para un buen tomo.

A mí me gusta especialmente la que se aparece bajo este párrafo, donde se riza el rizo de las atribuciones y, de paso, se hace humor acerca de la ignorancia de quien la recibe. Me encanta cómo con tan pocas palabras la imposible cita se atribuye a Einstein, que era un antiguo filósofo griego, que era Marx. Y todos ellos estaban muertos y bien muertos cuando apareció internet. Por increíble que parezca, no todos se dan cuenta a pesar de lo abultado del retruécano. Es más, conozco a alguien que dijo: "¿Y, entonces, de quién te vas a fiar?".


El artículo de Carlos Sabín nos advierte de unas cuantas cosas más, especialmente de esa contumaz oleada que da en mandar mensajes a través de redes sociales y otros espacios web, sobre lo confundida que está la teoría de la relatividad. A mí este aspecto de las falsas atribuciones y mentiras varias sobre leyes físicas no me preocupa demasiado, porque suele quedarse circunscrito a un grupo de especialistas. En cuanto aparece una fórmula, el personal se retira de la lectura.

Sí me preocupan, y mucho, aquellas otras afirmaciones que son de carácter general, que llegan a toda la población y que son manipulaciones descaradas de la verdad para crear estados de opinión. Esta práctica, tremendamente sencilla desde el punto de vista técnico, y extraordinariamente rentable gracias a internet, forma parte de la guerra de desinformación en la que incluso, a veces, se ven afectados los medios tenidos por serios. Y con la que vamos a tener que lidiar cada vez con más frecuencia.

Sí, dejarnos llevar por la emoción, la ternura, la indignación o lo que sea, puede dar la impresión de que somos seres comprometidos y muy, muy humanos. Dar a la tecla de reenviar es muy cómodo y puede proporcionarnos una imagen de lo que sea que estemos buscando en décimas de segundo. Pero no está de más recordar que, antes de seguir colaborando en la ceremonia de la confusión, cuando no del ruido y la furia, es necesario comprobar, verificar la información que estamos mandando. Suele ser bastante sencillo y los beneficios nos afectan a todos.

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