jueves, 16 de noviembre de 2017

VIDA EN MARTE, Tracy K. Smith

Vida en Marte es un estupendo poemario de Tracy K. Smith con el que tropecé en una biblioteca y no pude resistir el impulso de llevármelo. El aparentemente extraño título y mi absoluto desconocimiento de la autora hicieron que no pudiera dejarlo en la estantería. Comencé a leerlo ayer, mientras acudía en el autobús a escuchar a la siempre magnífica comunicadora Rosa Montero —¡cuánto me alegro de que le hayan dado el Nacional de Literatura!—. He terminado hace un momento y todavía estoy bajo su impresión.

Vida en Marte es sin duda un libro de buena poesía. Es, también, un hermoso mosaico donde se entrecruzan la ciencia ficción —cinematográfica y literaria—, David Bowie, un buen puñado de hechos reales, muchas lecturas y la muerte, ese hecho que no terminamos nunca de explicarnos, pero que siempre está presente, en este caso, a través de la figura del padre desaparecido y de algún que otro asesinato. 

El poemario, que fue Premio Pulitzer 2011, está dividido en cuatro grandes apartados a través de los cuales se nos va ofreciendo una reflexión sobre el significado de la otredad y la relación que mantenemos con ella (otras personas, otras culturas, otras vidas, otras creencias), sobre la violencia que ejercemos, sobre el deseo de encontrar una vida mejor y todo ello con un estupenda argamasa de palabras y situaciones que a veces pueden poner los pelos de punta. 

SACRAMENTO

Las mujeres cantan cuando hay demasiado dolor.

Pero primero hay un profundo silencio desesperante.

No sé qué las estremece, qué pretende

machacarlas. No sólo el niño,

que únicamente sabe obedecer. Es algo

que las lleva del cotorreo, a un baile estúpido,

suplicando morir a cuatro patas. Entonces

las arrastra del pelo o las tira al suelo

y les golpea la cabeza. Después lo ven, 

tan brillante que ha de ser la muerte, ordenando ahora.

De nuevo, tras una pausa. Ahora. No hay nadie 

más entre eso y ellas. Quema el aire,

abrasa el sonido. Sus voces se hunden en lo más profundo de ellas,

a través de su carne, en el infierno de sus propios cuerpos. A veces

se eterniza esa canción que sólo los animales saben

lanzar al aire como si fuera a estallarlas en la garganta.

El poema en su versión original, aquí.

Sí, los marcianos, los raros, somos nosotros. Nuestra crueldad puede resultar extraterrestre.


PS: En inglés —también en otras lenguas— la letra inicial de cada verso se escribe siempre con mayúsculas, vaya o no vaya después de punto. Y así aparece en la excelente traducción al castellano de Luna Miguel. Me he permitido cambiar las mayúsculas —que la traductora me perdone— para dejarlo con la grafía habitual del castellano que, me parece, facilita la lectura.

2 comentarios:

  1. Hola! Suena muy bien, la verdad es que yo no soy de leer poesía, es un género al que le tengo muchas ganas pero que siempre me ha costado trabajo, será que para todo hay un momento, creo yo, y el mío no llega, jaja. Pero este libro me atrae mucho por la temática que trata, creo que se podrían sacar reflexiones muy interesantes del mismo, y el poema que nos has compartido me parece muy fuerte, pero también hermoso. Gracias por la recomendación, me iré dejando arrastrar poco a poco ;) Saludos!

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  2. ¡Hola, Ana!

    La poesía, aunque es lo que más abunda por aquí, reconozco que requiere su tiempo, porque tal vez sea el género más exigente para la lectura; pero una vez que se ha entrado, o que te ha atrapado, es una lectura generosa y deslumbrante.

    Gracias a ti por pasar por aquí y por dejar tu comentario.

    ¡Saludos!

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