lunes, 20 de noviembre de 2017

NINGUNA BANDERA ESTÁ LIBRE DE SANGRE


Miro en la información interna de la fotografía y descubro que la hice el 2 de agosto de 2016 —¡Cuántas cosas tenemos que dejar en manos de la información digital para poder recordarlas!—. Aquella mañana estaba en la Tate y este trapo sucio llamó mi atención. Busqué el cartelito con la información sobre la obra: Flag I, 2009, se compone de una pieza de tela que cuelga de un asta de bandera. Habiéndose usado para limpiar los sitios de muertes violentas en México, la tela está manchada con sangre, tierra y otras sustancias. Se puede mostrar al aire libre como una bandera nacional o institucional ordinaria (la negrita es mía).

Teresa Margolles es una artista mexicana cuya obra tiene como centro temático la reflexión sobre la muerte. Pero no la muerte natural ni el paso del tiempo que a todos nos conduce a ella, sino las causas sociales que la originan. De hecho, Margolles ha trabajado directamente en las calles de México y en escenarios donde se han producido conflictos. El propio texto explicativo de Bandera I nos lo recuerda claramente.

Estremece pensar la cantidad de violencia que podemos generar los seres humanos. Da miedo comprobar que la causa aparentemente más noble —poned aquí la que se os ocurra— puede estar manchada con sangre de cientos o incluso miles de inocentes personas. Siento pavor ante todas esas manifestaciones colectivas de alegría o de tristeza, puro sentimiento desencadenado, que va generando una ola de pasiones y que suelen terminar con daños colaterales.

Margolles recoge ese desasosiego con su bandera manchada de sangre y nos lo ofrece de forma directa y sin tapujos. No hay bandera que esté libre de sangre. Las ideologías, las patrias, las religiones, tienen un diabólico componente afectivo que, cuando se desata, provoca una marea violenta y letal. 

***

Margolles exhibió una versión de esta obra en la Bienal de Venecia, en 2009, como parte de su exposición en el pabellón mexicano, ¿De qué otra cosa podemos hablar? 

Bandera I fue incluida en la exposición No Lone Zone de la Tate Modern en 2012. 

Metrópolis le dedicó un programa muy interesante en 2014.

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