martes, 23 de mayo de 2017

PARA LEER A GARCÍA MARRUZ

Fina García Marruz formó parte del legendario grupo Orígenes, aquel grupo de escritores e intelectuales cubanos que surgió en torno a la revista del mismo nombre y en el que estuvieron trabajando personalidades tan destacadas como Lezama Lima Gastón Baquero, Eliseo Diego, Cintio Vitier, Virgilio Piñera, Octavio Smith, Mariano Rodríguez, Wifredo Lam y René Portocarrero.

Tan importante como su obra poética, reconocida en la actualidad internacionalmente gracias a premios como el Pablo Neruda (2007), el Reina Sofía (2011) o el García Lorca (2011), es su obra ensayística, toda ella publicada en Cuba y no suficientemente bien distribuida por aquí, lo que siempre complica el acceso a la lectura.

Afortunadamente, leer la poesía de Fina García Marruz desde esta orilla del Atlántico es bastante sencillo desde hace pocos años. Cualquiera de las tres antologías que aparecen en esta entrada se encuentran fácilmente en las librerías o en las bibliotecas. Otra cosa es conseguir su Obra poética, editada en La Habana en 2008. 

Cualquiera de las tres es una buena antología. La más completa, por cantidad de obra seleccionada, es la de la editorial Pre-Textos y tiene un estupondo prólogo de Milena Rodríguez Gutiérrez. La del Fondo de Cultura, además de poesía, incluye algunos de los textos en prosa fundamentales para entender su poética y una presentación breve de Jorge Luis Arcos, el mayor especialista en su obra. ¿De qué, silencio, eres tú silencio? es la que posee el estudio introductorio más amplio, a cargo de Carmen Ruiz Barrionuevo, e incluye algunos poemas manuscritos de la autora.

Cierro el comentario con el soneto que da título a la última publicación:

¿DE QUÉ, SILENCIO, ERES TÚ SILENCIO?

¿De qué silencio eres tú silencio?
¿de qué voz, qué clamor, qué quién responde?
Abismo del azul, ¿qué hacemos en tu seno,
hijos de la palabra como somos?


¿qué tienes tú que ver, di, con nosotros?
¿cómo si eres ajeno, así nos tientas?
¿habría sed de no haber agua cierta?
¿o quién vistióme de piedad los ojos?

¿puedo poseer, pequeña, don inmenso
Que faltase a los cielos y a las aguas?
Y él ¿podría morir, sobreviviendo

Menor que él, todo el fulgor del cielo,
Quedar la tierna luz indiferente
Al fuego que, irradiando, ha suscitado?

¡Feliz lectura!

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