lunes, 6 de febrero de 2017

I WELCOME / YO ACOJO

Amnistia Internacional


















Copio de la página de AI:

I Welcome” es una campaña mundial de Amnistía Internacional para exigir que los Estados brinden a las personas refugiadas la protección que necesitan y garanticen que sus derechos humanos son respetados. En España la campaña se llama “Yo Acojo”.

La campaña pide un lugar seguro para que las personas que huyen de la guerra, el terror, la persecución y la violencia puedan rehacer sus vidas. No solo quienes han tenido que abandonar su hogar en países devastados por los conflictos en África y Oriente Medio. También en América, donde cada vez jóvenes, mujeres y personas gays, lesbianas y transgénero tienen que huir de las bandas, la delincuencia organizada, la violencia de género y los crímenes de odio.

Actualmente hay más de 21 millones de personas refugiadas. Se trata de una crisis de envergadura mundial pero no tanto por la enorme cifra, sino por el lugar donde se encuentran estas personas: unos pocos países se ven obligados a hacer mucho más de lo que les corresponde, sencillamente, por su proximidad a zonas de crisis; mientras que otros, los más ricos, hacen poco o nada.

La inmensa mayoría de las personas refugiadas, el 86%, están en países de ingresos bajos y medios. Más de la mitad se concentra en tan solo diez países. Turquía y Jordania albergan casi tres millones de personas refugiadas cada uno. Etiopía da refugio a más de 700.000 personas y Kenia y Uganda se acercan al medio millón.

Líbano, con una población de 4,5 millones, acoge más de un millón del vecino Siria. En contraste, Nueva Zelanda e Irlanda con la misma población pero territorios mucho más extensos y economías cuatro y cinco veces superiores, sólo han acogido 250 y 758 refugiados de Siria respectivamente. España, que se ha comprometido a acoger más de 17.000 personas, no ha recibido ni 700.

El egoísmo de los Estados ricos, que dejan recaer esta crisis mundial en los países más pobres, lejos de ayudar a resolverla, la empeora. No sólo no asumen su parte justa y equitativa a la hora de recibir a estas personas sino que se esfuerzan en mantenerlas alejadas a toda costa. Abandonan a su suerte a las personas que lo han perdido todo, las obligan a arriesgar sus vidas en peligrosos viajes, las dejan a merced de traficantes y redes de trata que las someten a todo tipo de abusos, más atroces aún si se trata de mujeres o niñas.

Las mujeres y niñas representan el 49% de la población refugiada. Se ven afectadas por desigualdades de género y de poder. En ocasiones incluso se ven obligadas a contraer matrimonio para obtener ayuda y protección para ellas y sus familias.

Deben alterar sus rutinas y reducir actividades para evitar el acoso, lo que limita su acceso a todo tipo de recursos económicos, políticos y jurídicos y, por tanto, a protección. Enfrentan especiales dificultades como ser cabeza de familia, dependencia no deseada, explotación en el trabajo y falta de acceso a reparación a causa de su género.




Nos vemos el 4 de marzo frente al Ayuntamiento


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