martes, 7 de febrero de 2017

¿HACE HONOR LA UNIÓN EUROPEA A SU HIMNO?

Europa tomó como himno en 1985 una adaptación del 4º movimiento de la genial 9ª sinfonía de Beethoven, que no es otra cosa que un magnífico envoltorio musical de la Oda a la alegría de Schiller.

Beethoven quería un gran canto de hermandad entre todos los hombres para cerrar la sinfonía y lo encontró en el poema filomasón de Schiller. La maestría del músico superó la estaticidad del himno y logró dotarlo de movimiento y dramatismo.

Pero no es la formidable maestría técnica del alemán lo que me interesa en este momento, sino el contenido en sí de la obra, el significado de la misma, la intención que perseguía: la invocación a la fraternidad universal, que también forma parte de los motivos por los que fue elegida como himno del continente.

Tal vez los europeos debiéramos cambiar de himno, puesto que no respondemos a los ideales que expresa: ni somos solidarios con nuestros congéneres, ni intentamos compartir la alegría ofreciendo ayuda a quien sufre, ni tampoco buscamos la libertad para quien carece de ella. 

Si Beethoven levantara la cabeza, nos negaría el permiso para utilizar su obra.


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