martes, 27 de diciembre de 2016

MARTE, DE DIOS GUERRERO A SEDE DEL OLIMPO

El martes era el día dedicado al dios de la guerra, Marte.

Imagen tomada de la NASA
Marte. Velázquez. Museo del Prado
La mitología greco-romana nos habla mucho y mal de este dios violento y pendenciero, a quien lo que más le gustaba era el combate y la pelea. Según los antiguos relatos, todos los demás dioses le odiaban, excepto Eris, diosa de la discordia, Hades, que veía cómo multitud de jóvenes ingresaban en sus dominios gracias a las guerras, y Afrodita (Venus), que alimentaba una impulsiva pasión por él. 

De las miles de representaciones en las que aparece, la que más me gusta es la de Velázquez, en la que le vemos desposeído de su furia guerrera, ridículamente cubierto con el caso de la armadura, un tanto melancólico y sentado en la esquina de la que, tal vez, sea la cama de su amante Afrodita. Es la imagen de un dios que más se aproxima a la de un ser humano.

El planeta que lleva su nombre también tiene una buena mitología a sus espaldas. No en vano era la casa de los marcianos y hasta los años sesenta del siglo pasado todavía una parte de la comunidad científica pensaba que habría vegetación cubriendo su superficie. 

Las naves del Programa Mariner se encargaron de anular las fantasías sobre el planeta: confirmaron la bajísima presión atmosférica, unos polos cubiertos no de agua líquida sino de hielo seco, la inexistencia de canales construidos por una civilización avanzada y una superficie llena de impactos que más se parecía a la de nuestro satélite que a la de un planeta lleno de vida.

Después de los mariner, fueron los viking, los global surveyor, los odyssey, los express y hasta parece que hay un grupo de seres humanos que está dispuesto a ir a tan inhóspito lugar y quedarse a vivir en él. Lo cierto es que toda esa actividad indagadora nos ha dado una imagen bastante precisa del último de los planetas interiores de nuestro sistema y unas imágenes fantásticas.

Yo, de todas sus peculiaridades y características, me quedo con el imponente monte Olimpo, según parece, el mayor volcán de todo el sistema solar, con una impresionante altura de 22,5 kilómetros —el Everest a su lado parecería una montañeja ridícula— y una superficie de ¡300.000 kilómetros cuadrados!, mayor que la de un país como Ecuador. Con razón los astrónomos le dieron el nombre de Olimpo.

¡Que tengáis un feliz martes!

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