viernes, 4 de noviembre de 2016

DE CIUDADES, MITOS, CONSTELACIONES Y SABERES

El mito de Calisto se ha contado para dar una explicación de las dos niñas vestidas de osas que aparecían en el festival ático en honor de Ártemis Brauronia y de la tradicional conexión entre Ártemis y la Osa Mayor. Pero se puede presuponer una versión anterior del mito en la que Zeus seduce a Ártemis, aunque ella se transformó antes en osa y luego se embadurnó la cara con yeso para intentar escapar de él. Originalmente, Ártemis era la regente de las estrellas, pero se las tuvo que entregar Zeus.

Con esta nota nos ofrece R. Graves el posible origen del mito de la ninfa Calisto en su espléndido trabajo Los mitos griegos (22, 4). Con esta distribución de farolas el Ayuntamiento de San Sebastián quiere contribuir a encender nuestra curiosidad por el cielo nocturno:

Plaza Julio Caro Baroja

Tal vez lo primero que sorprenda al pasar por la plaza sea la distribución extraña de las farolas y sus poco típicos colores. Si nos fijamos un poco más, inmediatamente nos sorprenderá la colocación de dos de ellas, excesivamente juntas. Y si nos acercamos a cada una, comprobaremos que tienen algo escrito: Dubhe, Merak, Phecda, Megrez, Alioth, Mizar, Alcor y Alkaid. Son los nombres de cada una de las siete estrellas principales de la constelación que llamamos Osa Mayor.

Quienes tengan claro el dibujo que forman las estrellas en el cielo no tendrán ninguna dificultad para reconocer el asterismo. Para quienes no estén acostumbrados, siempre está la posibilidad de recurrir a Google Maps y comprobar cómo se ven las farolas desde el aire, a vuelo de pájaro.



Una vez encendida la curiosidad, el juego de las preguntas y la búsqueda de las respuestas nos puede llevar tan lejos como queramos ir. Podemos terminar sumergidos en el estudio mitológico —todos los nombres propios de lo que vemos en el cielo tiene una historia detrás—, absorbidos por el conocimiento del Universo, por el callejero de las ciudades, por la historia de la nuestra o por las propiedades de la luz. Y cito solo algunos pocos temas que están en relación directa con lo que la plaza nos ofrece.

No se me escapa la aparentemente poco apropiada distribución de las luces. Quien pase por la plaza, podrá comprobar que esa no es la única iluminación de la que dispone. Se trata de un juego y de una invitación. Se trata de provocar un estímulo que nos lleve a preguntarnos cosas, a querer saber el porqué, a buscar el origen de algo que ignorábamos, de romper la monotonía gris de las calles y de que abramos los ojos ante lo que nos rodea.

A mí me fascina este juego que comienza en el Paleolítico, que continúa con la gran diosa madre, sigue con la suplantación de las diosas femeninas por dioses masculinos, pasa por Ptolomeo y el nacimiento de la revolución científica de los siglos XVI y XVII, tiene que ver con los últimos hallazgos acerca del comportamiento de las partículas subatómicas y que, en definitiva, no termina nunca, porque el deseo de saber y la capacidad de asombrarnos es inagotable.

PS: Muchas ciudades tienen en su callejero nombres de constelaciones o de estrellas; sin embargo, pocas han ido más allá y han realizado alguna actuación urbana, como es el caso de esta colocación de farolas. Si conocéis algún caso similar, no importa dónde, os agradecería mucho que me lo hicieseis saber. Y si podéis aportar información gráfica, mucho mejor. Gracias.

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