viernes, 23 de septiembre de 2016

LOS TRES PRIMEROS MINUTOS DEL UNIVERSO, de Steven Weinberg

Weinberg es uno de los grandes físicos del siglo XX. Junto con Salam y Glashow, descubrió que el campo electromagnético y el campo débil son dos aspectos del campo electrodébil, es decir, que, en condiciones extremas, un solo campo contenía los dos que en la actualidad rigen el electromagnetismo y la radiactividad. Salam, Glashow y Weinberg demostraron que cuando nuestro universo era extremadamente joven —bebé sería una palabra más gráfica— y se expandía y se enfriaba a una velocidad inimaginable, el campo electrodébil se dividió en los campos electromagnético y débil, dos de los cuatro campos que constituyen todo el Universo, junto con el fuerte y el gravitacional. Este hallazgo les valió el Premio Nobel en 1979.

En este ya clásico libro de la mejor divulgación científica nos cuenta con rigor —para quienes posean conocimientos matemáticos, hay un suplemento al final del mismo—y claridad, cómo fueron los tres primeros minutos del Universo conocido, a partir de los saberes nuevos que originó otro hallazgo fundamental: el del fondo de radiación cósmica de microondas, de 1965. 

Tal vez, para quienes posean muchos conocimientos sobre este tema no aporte elementos nuevos. Lo que en él se cuenta ya está integrado en el discurso habitual de divulgación sobre el nacimiento del Universo, en lo que se conoce como Modelo Estándar; sin embargo, es un placer leer a quien fue el primero en hacérnoslo saber y leerlo con el detalle y la pronfudidad con que lo hace.

Al final del libro, cuando el científico ha dejado las explicaciones y aparece la persona que piensa y siente desde su propia humanidad, podemos leer esto: 

(escribe desde un avión) La Tierra parece muy suave y confortable, salpicada de vaporosas nubes, con nieve que adquiere una tonalidad rosada a medida que el sol se pone y caminos que se extienden en línea recta por el campo de una ciudad a otra. Es difícil darse cuenta de que todo esto sólo es una minúscula parte de un universo abrumadoramente hostil. Aún más difícil es comprender que este Universo actual ha evolucionado desde una condición primitiva inefablemente extraña, y tiene ante sí una futura extinción en el frío eterno o el calor intolerable.
(...)
El esfuerzo por comprender el Universo es una de las pocas cosas que eleva la vida humana por sobre el nivel de la farsa y le imprime algo de elevación a la tragedia.


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