martes, 27 de septiembre de 2016

DOS FORMAS DIFERENTES DE ENTENDER LA POESÍA y una breve explicación


La poesía tiene sus propios códigos y un modo de expresión que pueden sorprender a la persona no habituada a leerla. Muy frecuentemente, además, entabla un diálogo con otros textos, lo que provoca cierta dificultad a la hora de entender qué es lo que quiere expresar si no se conocen los referentes. Veamos un ejemplo.

HACIA UNA POÉTICA

No siempre la claridad viene del cielo.
Oye sólo tu música cuando cantes,
por oscura que sea y espinosa.
Que la luz te ensordezca,
que no te ciegue el ruido;
y tu obra sea más que tu vida,
porque te contramuera.


Lo primero que encontramos casi siempre es el título. Ese es el primer elemento portador de significado, si es que el poema tiene título. En este caso, y dejando aparte los significados que no nos interesan, la poética se refiere al modo de entender la poesía; es decir, cómo cree que debe ser, qué formas, principios y parámetros son los que deben conformarla. Por lo tanto, aquí, Ángel Guinda construye un metapoema en el que nos indica cuáles son las líneas sobre las que él piensa que debe transcurrir la poesía.

El primer verso nos ofrece la clave del resto y nos sitúa en el meollo de la cuestión, pero para saber de qué está hablando es necesario recordar que salvo el adverbio de negación, el verso no es suyo, sino de Claudio Rodríguez:

                        Siempre la claridad viene del cielo,
                     es un don; no se halla entre las cosas
                     sino muy por encima,

Es el comienzo del Don de la ebriedad, poemario con el que ganó el Adonáis en 1953 y deslumbró a los círculos poéticos de la época. Tenía 18 años cuando lo escribió y uno más cuando se publicó. Todo un prodigio. Pero vamos con la claridad. 

La claridad hace referencia a la inspiración, a la iluminación, a la intuición primera, ese aliento del que después se nutre el resto. Con razón poética y con razón a secas, afirma Ángel Guinda que no siempre viene del cielo —en ninguno de los casos están hablando de un aspecto religioso, sino de lo espiritualmente elevado— . Puede venir de cualquier otro elemento menos noble y más prosaico. Incluso del trabajo diario y constante. La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando, decía Picasso. Es una concepción del arte que abandona ya los principios irracionales del romanticismo.

Los seis versos que siguen son una sugerencia al posible lector-escritor al que se dirige el yo poético y se cierran con la expresión de un deseo en los dos finales. Ocúpate, viene a decirnos el autor, de expresar con tu propio estilo, a tu manera más íntima, con tu propia voz, aquello que te conmueve y preocupa, y eso hará, posiblemente, que tu obra te sobreviva si es auténtica, porque en la sinceridad encontrará su fuerza. 

En cualquier caso, la clave del poema se encuentra en el primer verso. Solamente era necesario conocer la referencia para que el poema se nos abriera generoso. Y que no piense nadie que está manifestando una crítica o un desacuerdo con Claudio Rodríguez. Es esta una práctica muy habitual en la poesía moderna, que se utiliza como recurso para intensificar la expresividad del texto. ¿Es necesario recordar aquel A la inmensa mayoría, de Otero, que aludía A la inmensa minoría, a la que J. R. Jiménez dedicó su Segunda antología poética, poeta al que admiraba como a uno de los más grandes poetas del siglo XX?

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