sábado, 3 de septiembre de 2016

DE REYES, AMORES, INFIDELIDADES Y UN HERMOSO CRISTAL

Cristal de Lotario II (855-869)
En ocasiones la anécdota quita protagonismo a la obra. Tal es el caso de esta obra maestra de la talla en cristal. Para apreciar su valor conviene saber que tiene 11,5 cm de diametro y que el cristal de roca es tan duro que no se puede cincelar, sino que hay que esmerilarlo. Las figuras llegan a tener una más que notable naturalidad y, para que no falte de nada, aparecen grabados los textos que nos cuentan la historia. Es la obra de un maestro. Sin embargo, a lo que suele atender quien la observa por primera vez es a la historia que esconde.

Este cristal recoge el suceso que se cuenta en Daniel, 13; esto es, la Historia de Susana, que resumo rápidamente: De Susana, una joven y honrada mujer, se encaprichan dos poderosos jueces. Intentan poseerla, pero son rechazados. Entonces la acusan de adulterio. Susana es condenada a morir apedreada. De camino a la ejecución, Daniel interviene y mediante un par de preguntas evidencia la mentira de los perjuros jueces. La mujer se salva y los apedreados son los jueces.

Pero hay algo más. 

En el centro del cristal se recoge una escena ajena al tiempo del profeta Daniel. Por si hubiera alguna duda, la inscripción nos lo recuerda. Es Lotario, rey de los francos, sentado en el trono. La mujer que aparece de pie, frente a él, es Teutberga, su esposa.


Imagen tomada del Archivo Kornbluth

Ocurre que estamos en la Europa medieval, que el imperio de Carlomagno se había partido hacía tres generaciones y que Lotario II no tenía descendencia de su esposa, sino de su amante Waldrada, y la descendencia era la única forma de mantener el reino, emparedado entre los de sus tíos Luis y Carlos. Así pues, pide el divorcio a los obispos de sus dominios y estos se lo conceden. Teutberga (Susana) huye y pide el auxilio del Papa. Nicolás I declara nulo el divorcio —parece ser que a la reina le arrancaron una confesión de adulterio mediante tortura— y amenaza de excomunión a Lotario. Sus tíos también amenzan con repartirse el reino. Lotario da marcha atrás y acepta a Teutberga. 

Y esto es lo que recoge el camafeo. Los medievales, muy alegóricos ellos, nos recuerdan a través de la Historia de Susana que uno de los deberes del rey es hacer justicia y garantizarla. Claro que en el caso de Lotario, la justicia le vino impuesta. Para colmo, de poco le sirvió la aceptación, pues a su muerte, su querida familia, se repartió Lotaringia.

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