viernes, 5 de agosto de 2016

PIENSA MAL... Y TE QUEDARÁS SOLO

Aunque generalmente pensamos que las fábulas tienen un valor educativo y sirven para mostrarnos cómo debemos reaccionar ante determinadas situaciones, lo cierto es que hay fábulas, y también refranes, para todos los gustos y tendencias: algunas bienintencionadas, otras menos y también las hay claramente negativas, es decir, que nos quieren mostrar lo malo que es el mundo y la inconveniencia de fiarnos de los demás.

Me he encontrado este ejemplar de Lydia Howard Huntley en un libro que nada tiene que ver con la literatura y que, según parece, recoge una fábula oriental muy anterior. Inmediatamente me ha venido a la memoria ese desconfiado refrán que dice dale la mano al tonto y te cogerá hasta el hombro y todas sus variantes.

Cuando a su tienda llegó un hombre por el trabajo estragado,
con los brazos molidos, y el pensamiento embotado,
a través del espacio de la ventana abierta
¡Qué vio! Un camello asomaba la testa.
«Tengo la nariz helada», lloró lastimeramente,
«ay, deja que un poco me la caliente».
Como al meter el hocico nadie le dijo que no
el largo y sinuoso cuello tras la cabeza siguió
igual que a la misa la Eucaristía
y cuando luego intensa lluvia caía
de un brinco entero todo su cuerpo metió.
Aterrado, su alrededor el hombre escrutó
y a su insolente invasor escudriñó
pues cuanto más cerca lo veía,
para aquel invitado habitación no había,
mas pasmado le oyó decir
«Si estás incómodo te puedes ir
pues de aquí tú ya no me mueves».
Oh, qué frívolo corazón joven eres,
del pobre árabe mofarte no debes
pues la mala costumbre es, como verás,
la primera treta que sufrirás.
No la escuches, ni la mires, ni le sonrías jamás,
la oscura fuente antes de que brote ahogar deberás
y ni siquiera el hocico al camello consentirás.

Cada cual puede tener sus gustos y pareceres, faltaría más. A mí simplemente me parece triste que quien tiene alguna responsabilidad para con la sociedad — la persona que escribe se dirige al público lector bien para ofrecer belleza o conocimiento— ofrezca tan solo una muestra de desconfianza. No se trata de ser ingenuos y pensar que los peligros no existen. Es evidente que están ahí. Pero romper el vínculo de confianza mutua sobre el que se asienta la sociedad para poder funcionar con cierta normalidad es ir demasiado lejos.

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