sábado, 13 de agosto de 2016

PASIÓN POR EL MITO

Sin duda, no es lo mismo una escueta explicación, una presentación racional y fría de los hechos que una buena historia. Enseguida nos dejamos seducir por las palabras y las posibilidades que nos abren esas palabras. Parece que la verdad es más verdad si está bien adornada, incluso llegamos a preferir el adorno sin verdad, no hay nada más que echar un vistazo a la historia.

Cambrigde, ciudad universitaria y entregada al estudio científico donde las haya, alberga dos buenos mitos en sus calles. El primero de ellos, universalmente conocido, porque cuando se inicia el estudio de la Física y se presenta la ley de la gravedad, el profesorado suele recurrir a la historia de la manzana. Si fue o no verdad, desde luego no fue el manzano que se encuentra junto al Trinity College, según relata la biografía del amigo de Newton, Stukeley. Pero ahí está el manzano y no hay guía que se resista a su encanto, ni turista que no quiera hacer la fotografía.


Otra bonita leyenda es la del Puente matemático, también referida a Newton, alumno del Trinity en su época.


Cuentan allí que el gran Newton construyó este puente de madera sin tornillos ni tuercas de ningún tipo, y —según una versión— que resultó imposible reconstruirlo sin fijaciones cuando hubo de ser reparado, porque el tiempo no transcurre en vano y todo lo somete. Según otra versión fueron los alumnos quienes lo desmontaron para divertirse y luego fueron incapaces de volverlo a montar sin recurrir a clavos y tornillos. Lo cierto es que el puente actual es una reconstrucción del original de 1749 que fue diseñado por William Etheridge y levantado por James Essex.

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