domingo, 21 de agosto de 2016

EL MUNDO PASA Y TAMBIÉN SUS PASIONES

Reloj Corpus, John C. Taylor, 2008. Cambridge.
Este sorprendente reloj, creación del británico John C. Taylor, le costó la abrumadora cantidad de 1.000.000 de libras y cinco años de trabajo —por increíble que parezca, no es el más caro del mundo—. En su fabricación intervinieron ingenieros, relojeros, calígrafos, escultores y científicos, así hasta doscientas personas.

Lo donó a la universidad y hoy luce en el exterior de la biblioteca del colegio universitario Corpus Christi, donde estudió ingeniería. Su inauguración, 19 de septiembre de 2008, mereció la asistencia del astrofísico Stephen HawkingEl reloj utiliza técnicas de los siglos XVII y XVIII junto con invenciones del creador.

El disco, chapado en oro, se realizó mediante la técnica de explosión bajo el agua, capaz de imprimir una hoja de acero en un molde sumergido bajo el agua. No emplea en su funcionamiento ni la informática ni la digitalización. El sistema eléctrico solamente se utiliza para dar cuerda al mecanismo y encender las luces LED que marcan la hora, el minuto y el segundo (19:20:43, en este caso).

El amenazador bicho, un peculiar saltamontes, es un cronófago que abre la boca para tragarse los minutos. Cada cuarto de hora levanta el aguijón y mata las horas. Su moviento es irregular, por lo que resulta desconcertante. El péndulo inferior se detiene de vez en cuando y, entonces, las luces brillan al principio lentamente y luego se aceleran como si quisieran dar caza al tiempo perdido.

La inscripción que se puede leer en la parte inferior del nicho que lo contiene dice: Mundus transit et concupiscentia eius —El mundo pasa y también sus pasiones—. Es una cita de la Vulgata, I Juan, 2:17. Nada que no supiéramos, pero que resulta tan inquietante como el mismo cronófago.


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