sábado, 18 de junio de 2016

JOSÉ TRIGO, Fernando del Paso

Después de haber quedado fascinado con la lectura de Noticias del Imperio, me hice con José Trigo (1966), la primera de las grandes novelas del último cervantes. El encantamiento continúa. Otra gran historia.

La novela hay que situarla en un grandioso contexto literario, que es el suyo: El siglo de las luces (1962), La muerte de Artemio Cruz (1962), Rayuela (1963), La ciudad y los perros (1963), Paradiso (1966), Cien años de soledad (1967), Tres tristes tigres (1967)..., es decir, la década prodigiosa de la novela latinoamericana.

Está organizada en dos grandes partes, cada una formada por nueve capítulos, y un capítulo central (el puente) que, efectivamente, realizada la función que el título nos anuncia. Puede leerse de principio a fin (así lo he hecho yo) o leer el capítulo correspondiente de la primera parte y el correlativo de la segunda (1-1, 2-2, 3-3...), que es lo que suelen aconsejar muchos comentaristas, y funciona igual de bien.

José Trigo se mueve en un escenario circunscrito por el movimiento ferrocarrilero del final de la década de los sesenta y por las guerras cristeras de los años veinte. Ese es el marco, pero dentro de ese marco están los ingredientes del imaginario colectivo (sueños, deseos, mitos, miedos, ideas, leyendas, esperanzas...), que son los que dotan de una realidad mayor y más sólida a los hechos que se nos cuentan.

Elementos que más me han gustado: la precisa y preciosa arquitectura de la novela, el lenguaje exuberante y exacto, la enorme belleza del campamento de los ferrocarrileros que va extendiéndose a medida que avanza el relato como una jugosa gota de aceite de oliva virgen extra, la hibridación de discursos diferentes engarzados a manera de columna salomónica y la búsqueda afiebrada y profundamente literaria del protagonista por parte del narrador.

Estoy deseando que caiga en mis manos Palinuro de México. ¡Qué grande es Fernando del Paso!

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