lunes, 23 de mayo de 2016

CERO K, Don DeLillo

No es Cero K una novela amable por la que transitar en los ratos libres y disfrutar de la vida en directo o en diferido. La historia que nos cuenta DeLillo se aproxima más al frío del título que al calor de una tarde de playa.

Como nos cuenta la contraportada, Ross Lockhart es el inversor principal de un centro donde se lucha contra la muerte congelando cuerpos de gente enferma hasta que la medicina pueda curarlos. Hasta ahí todo nos suena y entra dentro de los parámetros de la discusión de café. DeLillo no se queda en ese punto y da una vuelta de tuerca más al asunto. El magnate ha acudido al centro de criogenización con su hijo Jeffrey para despedir a su mujer, que tiene una enfermedad irreversible. El problema viene cuando le comunica a su hijo que ha decidido acompañar a su mujer en ese viaje hacia el futuro desde el frío.

Esa es la anécdota que sirve al autor para reflexionar sobre algunas de las grandes obsesiones de la humanidad: la muerte, la manipulación del futuro, la identidad, usos y abusos de la tecnología, los límites del yo... Esa anécdota, lógicamente, puede valer para muchas situaciones y dar pie a infinidad de juegos narrativos. DeLillo no se anda con eufemismos y nos arrastra directamente al corazón helado del centro en el que se vislumbra el futuro. Su escritura aséptica y glacial es el mejor instrumento para lograrlo.

Uno sale de la novela con la necesidad de disfrutar de un hermoso amanecer o de una cálida puesta de sol que lo reconforte con la vida, incluso con la necesidad de creer que no todo el mundo quiere apropiarse del fin del mundo

Aquí podéis leer los dos primeros capítulos.

4 comentarios:

  1. Buen reseña, sobre un autor que tengo pendiente de leer. Gracias por ponerla.

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    1. Muchas gracia a ti, Esteban, por tan amable comentario y por dejarlo aquí.

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  2. Gracias, Alejandra. Espero que te guste.
    Un saludo.

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