sábado, 23 de abril de 2016

DORIS LESSING

Muchos son los méritos de Doris Lessing a pesar de que el omnipotente Bloom opinara lo contrario cuando obtuvo el Premio Nobel en 2007. Tantos, por lo menos, como obras nos ha dejado. Yo, en cualquier caso, el mérito que más admiro y aprecio es que ha tenido la virtud de evolucionar al ritmo de sus pensamientos. Coherente con sus creencias y convicciones, no tuvo ningún reparo en ir cambiándolas a medida que el mundo y ella iban cambiando o, sencillamente, a medida que se iba percatando de que sus convicciones no podían sostenerse en la sociedad en la que vivía.


Fue hija de un oficial del ejército colonial inglés. Nació en la antigua Persia —hoy, Irán—, vivió en Rodesía —hoy, Zimbabwe— y en Inglaterra. Se independizó a los 15 y transitó por el partido comunista hasta que se enteró de lo que estaba ocurriendo en la extinta URSS. En algún momento fue considerada un icono del feminismo. Nos ha dejado casi medio centenar de obras donde aprender la vida a fuertes tragos escépticos.

Alejandro Alcalde, otra vez más, nos hace un retrato estupendo de la novelista.

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