domingo, 6 de marzo de 2016

COSMOGÓNICA, NÉSTOR BASTERRETXEA

 Llego de Bilbao cargado de sonidos, de los excelentes sonidos recogidos en el Euskalduna. Cada año, más gente; cada año, más difícil conseguir entradas; cada año, mejor organización. Un placer para los sentidos.

Entre concierto y concierto me doy una vuelta por el Museo de Bellas Artes para visitar la exposición de los artistas que formaron el grupo Gaur, exposición complementaria —¿o quizá previa?— de la del Museo San Telmo de San Sebastián.

En el pasillo que se abre al patio central me encuentro con la serie Cosmogónica, de Néstor Basterrtxea. La llamada profunda y antigua de la Tierra se hace roble. Los seres más étereos y frágiles de la imaginación pagana vasca se transforman en un alfabeto de formas hieráticas que me miran.

Mi favorito es Intxixu —arriba, a la izquierda—. Tuve la suerte de verlo recién terminado, recién nacido, en el caserío taller donde Néstor Basterretxea vivía y trabajaba. Desde entonces se convirtió en mi genio favorito.

Recupero de la exposición que se llevó a cabo hace ocho años —y que fue el origen de la donación de la serie al museo bilbaíno—, el vídeo en el que Basterretxea explica de dónde surgió la idea para su Cosmogónica.




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