domingo, 7 de febrero de 2016

FRANCISCA SÁNCHEZ Y RUBÉN DARÍO. La memoria recuperada

Ayer, 6 de febrero, se cumplía el centenario de la muerte de Rubén Darío, poeta seminal donde los haya y prestidigitador de las palabras. Tanto las revistas especializadas como las generalistas se ocuparon ayer del aniversario y se seguirán ocupando durante el resto del año.

No sé si en caso de haber vivido hace cien años, me hubiese gustado su poesía. Seguramente sí, como al resto. No niego la influencia del modernismo en la poesía, ni la de Darío sobre su generación y las siguientes; sin embargo, su poesía, en general, no me gusta y me parece que ha envejecido mal. Pero que nadie se alarme, son mis gustos y ninguna influencia tienen.

El caso es que con esto del aniversario he recordado un documental que había escuchado hace ya bastante tiempo sobre Francisca Sánchez, la que fue la última compañera del poeta y la mujer que más tiempo compartió con él. Me he puesto a rebuscar y ¡ahí estaba!, esperando ser escuchado nuevamente. 

Son 55 minutos de la historia del poeta, su compañera, la rapiña desalmada de algunos por hacerse con documentos y un buen puñado de datos sorprendentes y desconocidos para la mayoría de los lectores de la poesía del nicaragüense. Ahí está, por ejemplo, la escritora Rosa Villacastín, nieta de Francisca y de Rubén.

Disfrutadlo.


Y un poema que sí me gusta:

LO FATAL

Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,

¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...

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