sábado, 12 de diciembre de 2015

SOY UN MAMÍFERO QUE RUMIA SU MIEDO


Reconforta el aire limpio y fragante a primera hora de la mañana. Parece como si con las primeras gotas de luz la atmósfera se poblara de nuevos deseos e intenciones. Atrás quedan los sobresaltos de la noche, las torpezas del día anterior y la falta de coraje para afrontar la desgana y la incertidumbre. El aire transparente me empuja a conquistar el día.

Un conejo me observa desde lejos y rumia su miedo. Cuando me acerco a un par de metros, da un salto y se esconde entre la menta. Entrecierra los ojos y el mundo desaparece —1, 2, 3, yo ya no estoy—. Saco el teléfono, me aproximo despacio un poco más y le robo parte de su miedo.

Cuando llego a casa, me ducho, descargo la foto y escribo estas líneas intentando averiguar qué parte del mamífero asustado se ha quedado conmigo, si el deseo de desaparecer o el miedo ante lo que desconozco.

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