sábado, 17 de octubre de 2015

MI QUERIDO ZUMAQUE

Mi hermoso zumaque
Parafraseando a Borges podría decir que me manejo con fluidez y total ignorancia en el mundo de la botánica. El caso es que un buen día me fijé en que rodeados de liquidámbares, en el jardín próximo a mi casa, había un par de árboles un tanto peculiares para mi atrevida ignorancia. Cada vez que paso por delante de ellos me pregunto qué árboles serán, y si en ese momento tengo algún conocido a mano, acudo a ellos. Pero ninguno de mis conocidos ha sido capaz de darme respuesta.

Hace pocos días me acordé de mis queridos árboles y como el trabajo no me acuciaba, o me acuciaba un poco, pero la curiosidad era mayor, me puse a rebuscar en un par de guías botánicas. Me he fijado tantas veces en su aspecto que no tuve demasiados problemas para encontrar la respuesta según las características de hojas y frutos. Acudí a internet para confirmar y, ¡bingo!, son un par de zumaques.

El nombre me pareció de lo más curioso y sonoro. Tanto como mi ignorancia, porque dando vueltas por unas cuantas páginas no solamente descubro que es un árbol relativamente común, que de él se obtiene desde muy antiguo un acidulante sustituto del limón o del vinagre, sino que Lope de Vega también lo citaba en su comedia Lo que pasa en una tarde

Tiene muy grande razón,
que hay hierbas de mil maneras;
alquimilla, hierba mora,
amaro, hierba doncella;
ésta no es hierba común,
pero hay de ésta contrahecha,
porque hay viejas hortelanas
que están en hacerlas diestras;
pie de león, que bien saben
las damas de qué aprovecha;
almoradux, hierba sana,
helecho para hechicera;
hierba de San Pedro,
hay perejil y hierbabuena,
hierbas de San Juan
cogidas en el punto que alborea;
acederas, verdolagas
mastranzo, hierba puntera,
zumaque


Todo un hallazgo... para el analfabeto botánico que soy.

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