jueves, 15 de octubre de 2015

ESPAÑA 1937, de Auden en traducción de Antonio Mengs

España 1937 es uno de los poemas más conocidos de Auden, uno de los más celebrados, uno de los que el autor rehizo y uno de los que finalmente descartó. Por esta razón no lo he incluido en la breve antología base de la tertulia de este viernes.

He tomado la traducción de Antonio Mengs por no estar publicada en libro —lo que permite cotejarla con esas otras— y porque se ciñe a la primera versión que redactó el poeta. 

Más que interesante es el comentario que Mengs desarrolla del poema en la revista electrónica Adamar y de donde he tomado su versión. De hecho, este poema daría para una larga y bien merecida tertulia.



ESPAÑA 1937

Ayer todo el pasado. El lenguaje que tasa
Propagado hasta China a lo largo de rutas comerciales; la difusión
Del estadillo contable y del crómlech;
Ayer el recuento de sombras en soleados climas.


Ayer la cuantía del seguro jugada a las cartas,
La adivinación del agua escondida; ayer la invención
De las carretas y los relojes, la doma de
Caballos. Ayer el bullicioso mundo de los navegantes.


Ayer la abolición de hadas y gigantes,
La fortaleza como un águila inmóvil oteando el valle.
La capilla erigida en pleno bosque;
Ayer la escultura de ángeles y disuasorias gárgolas.


El juicio de herejes entre columnas de piedra;
Ayer los feudos teológicos en las tabernas
Y la milagrosa sanación de la fuente;
Ayer el Sabbat de las brujas; pero hoy la lucha.


Ayer la convicción en el valor absoluto de Grecia,
El telón que cae tras la muerte del héroe;
Ayer la oración al crepúsculo
Y la adoración de los locos. Pero hoy la lucha.


Mientras susurra el poeta, enajenado entre pinos
O allí donde se precipitan las aguas cantando al unísono, o arriba
En el peñasco junto a la torre inclinada:
‘Oh visión mía. ¡Envíame la fortuna del marino!’


E indaga el investigador a través de sus instrumentos,
En las provincias inhumanas, el bacilo viril
O enorme Júpiter acabado:
‘… Las vidas de mis amigos. Yo busco. Busco.’


Y el pobre en sus cuartos sin lumbre, arrojando las hojas
Del periódico vespertino: ‘Nuestro día es nuestra pérdida, muéstranos,
Historia, tú el operador y
Organizador, el refrescante río del Tiempo.’


Y las naciones conciertan los gritos, invocando a la vida
Que da forma a cada barriga en particular y ordena
El nocturno terror privado;
‘¿No fundaste la ciudad estado de la esponja,


Alzaste los vastos imperios militares del tigre
Y el tiburón, estableciste el cantón del atrevido petirrojo?
Interviene. Oh desciende como paloma o
Papá furioso o templado ingeniero, pero desciende.’


Y la vida, si acaso responde, desde el corazón replica
y desde ojos y pulmones, desde las tiendas y plazas de la ciudad:
‘Oh, no, no soy yo el propulsor;
No hoy; no para ti. Para ti, soy el que


Siempre asiente, el colega del bar, al que fácil se engaña;
Soy lo que sea que quieras. Soy tu promesa de ser
Bueno, tu divertida anécdota.
Soy la voz de tus asuntos. Soy tu matrimonio.


¿Qué te propones? ¿Construir la ciudad de los justos? Lo haré.
De acuerdo. ¿O es el pacto suicida, la Muerte
Romántica? Muy bien, acepto, pues
Soy tu elección, tu decisión. Sí, soy España.’


Muchos la oyeron en remotas penínsulas,
En soñolientas planicies, en las aberrantes islas de Pescadores
O en el corazón corrupto de la ciudad,
La oyeron y emigraron como las gaviotas o las semillas de una flor.


Se aferraron ardientes a los interminables expresos que dan tumbos
A través de tierras sin justicia, a través de la noche, del túnel alpino;
Flotaron sobre los océanos;
Recorrieron los desfiladeros. Vinieron a exponer sus vidas.


En esa árida plaza, ese desmochado fragmento de la calurosa
África, tan reciamente soldado a la inventiva Europa;
En esa meseta señalada por ríos,
Nuestros pensamientos tienen cuerpo; las formas amenazadoras de nuestra fiebre

Son precisas y están vivas. Pues los miedos que nos hicieron acudir
Al anuncio de medicinas. Y el folleto de cruceros invernales
Ha resultado en batallones invasores;
Y nuestros rostros, el rostro instituto, la tienda de la cadena comercial, la ruina


Proyectan ahora su codicia como pelotones de ejecución y bombas.
Madrid es el corazón. Florecen nuestros momentos de ternura
Como la ambulancia y el saco terrero.
Nuestras horas de amistad en las milicias populares.


Mañana, tal vez el futuro. La investigación sobre la fatiga
Y los movimientos de los empacadores; la exploración gradual
De cada octava de radiación;
Mañana la ampliación de conciencia mediante dieta y ejercicios respiratorios.


Mañana volver a descubrir el amor romántico,
Fotografiar cuervos; todas las formas de esparcimiento bajo
La sombra omnipresente de la libertad;
Mañana las horas del que rige el desfile y del músico,


El hermoso estruendo del coro bajo la bóveda;
Mañana el intercambio de consejos sobre la cría de terriers,
La entusiasta elección de presidente
Por una repentina foresta de manos. Pero hoy la lucha.


Mañana para los jóvenes, los poetas que explosionan como bombas,
Los paseos junto al lago, las semanas en perfecta comunión;
Mañana las carreras de ciclistas
A las afueras en las tardes de verano. Pero hoy la lucha.


Hoy el incremento deliberado de las ocasiones de muerte,
La aceptación consciente de la culpa en el asesinato necesario;
Hoy el dispendio de energías
En el panfleto simple y efímero y la aburrida reunión.


Hoy el consuelo momentáneo; el cigarrillo compartido,
Las cartas en el establo a la luz de las velas, y el concierto estridente,
Las bromas masculinas; hoy el
Embarazoso y lánguido abrazo antes de ir a hacer daño.



Han muerto las estrellas. Los animales no harán por mirar.
Nos han dejado con nuestro día a solas, y el tiempo es breve, y
La Historia a los vencidos
Podrá decir lo siento pero no puede ayudar ni perdonar.



***
Podéis leer otro comentario más sobre el poema, de Ana Mª Gimeno, en este enlace.

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