martes, 20 de octubre de 2015

CUMBRES BORRASCOSAS

No intento vengarme de ti[...] no es ese mi plan. El tirano oprime a sus esclavos y éstos no se vuelven contra él, sino que aplastan a los que tienen debajo. Muy bien que me tortures hasta la muerte para divertirte, sólo permíteme que yo me divierta de la misma manera, y guárdate de insultarme tanto como seas capaz. Has destruido mi palacio: no levantes una choza y te complazcas en admirar tu propia caridad al dármela por hogar. Si yo creyera que realmente quieres que me case con Isabella, me degollaría.

Los clásicos hay que leerlos, son la mejor literatura que tenemos a nuestro alcance, son la mejor puesta en escena de nuestros sentimientos, de nuestros miedos, de nuestros afectos, de nuestras dudas, de nuestras miserias y de nuestras grandezas. Son la mejor manera de conocernos. Pero a veces hay que leerlos con cierta solvencia para no salir heridos de la aventura.

Cumbres borrascosas es un clásico del XIX, que algunos etiquetan como novela gótica. Es, en cualquier caso, una historia salvaje que nos absorbe, nos subyuga y que mantiene toda su capacidad de impacto, brutal, si se quiere, desde el año en que se publicó, 1847. Catherine Earnshaw y Heathcliff pertenecen desde entonces al panteón de personajes de la literatura universal. Los secundarios, también.

El atractivo de la historia, absolutamente tormentosa, ha provocado que el cine haya realizado numerosas adaptaciones, entre las que posiblemente destaque la que dirigió William Wyler en 1939. 

Ana Rosetti realiza una excelente presentación de la novela en el programa Jardines en el bolsillo durante los 15 primeros minutos del programa

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