sábado, 4 de julio de 2015

FUNDAMENTALISMO CIENTIFISTA

Supongo que la razón ha sido sometida en muchas ocasiones, y se sigue sometiendo, a todo tipo de daños y trastornos: estrangulamiento, degüello, horca, garrote vil, hoguera y otras muchas barbaridades. En este libro es sometida a un combate de boxeo del que no sé si sale bien parada. Yo he salido perplejo de él.

Llegué a este título después de escuchar en la radio un debate sobre ciencia-religión en el que participaba su autor y que me encantó. El programa es todo un ejemplo a seguir sobre cómo hacer divulgación científica. Pero todo cuanto me gustó aquel debate me ha desilusionado el texto.

La tesis de Carlos Elías es que los medios de comunicación y el cine ofrecen una imagen del científico y de la ciencia totalmente alejada de la realidad. Esta imagen hace tanto daño que se están perdiendo muchas vocaciones y, como consecuencia, la juventud opta por carreras más prestigiosas (éxito, dinero...). Los medios de comunicación y el cine son los culpables de la actual crisis de la ciencia. La idea tiene muchos más matices, pero grosso modo esa sería la idea principal.

Ya sabemos que los medios de comunicación pueden alterar mucho la percepción de la realidad, pero no todos los medios son iguales. Ya sabemos que el cine puede crear una imagen distorsionada del mundo, pero las películas no son documentales del profesor Cousteau. Ya sabemos que cuando hoy hablamos de filosofía, estudios sociales y demás investigaciones no propiamente científicas, estamos refiriéndonos a una racionalidad que no trabaja con el método científico, pero no por ello utilizan el método digo lo primero que se me ocurre.

Puede parecer que este párrafo que acabo de escribir es una exageración. La exageración —exageración belicosa y sin sentido— se encuentra en expresiones como éstas:
  • ¿Es posible que alguien pueda ser buen juez —o buen pedagogo o periodista— sin capacidad de razonamiento científico? Seguro que no (p 192).
  • Mi hipótesis —sobre la decadencia de la ciencia— es que la culpa es de estos filósofos y su extraordinaria influencia en las universidades donde se forman los responsables de la cultura mediática imperante (p 165).
  • Hay un sector importante de la población que odia las ciencias y a los científicos, porque, al no comprenderlas, se siente discriminado frente a otros compañeros (p 191).
Y así, decenas de ellas hasta terminar en el epílogo con este ejemplo de rigor científico y neutralidad expositiva: Si todos los sociólogos del mundo desaparecieran, apenas se notaría. Tal vez habría menos encuestas, pero ¿quien las necesita? Y todo esto sin mencionar el capítulo 5, donde se despacha a gusto sobre a Kuhn, Lakatos, Popper y Feyerabend... ¡sin haberlos leído!

Menos mal que sí hay buenos programas en los medios de comunicación que hacen una excelente divulgación científica (en este mismo blog aparecen comentados unos pocos, y en uno de ellos intervino el autor). Menos mal que hay excelentes científicos que participan en la creación de la cultura humanística, lo mismo que hay excelentes humanistas que toman parte en la extensión y difusión de las mejores ideas científicas (en este mismo espacio tengo comentados algunos libros de ambos). 

Menos mal... porque si todos fueran trabajos como éste, la razón terminaría no estrangulada sino que desaparecería.

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