sábado, 21 de marzo de 2015

LA DIFÍCIL TAREA DE ENCONTRAR ALGUNOS LIBROS

Unos libros nos llevan a otros igual que los conocimientos, las personas, los lugares o cualquier otra cosa que podamos imaginar. La curiosidad nos espolea continuamente y mientras esto sea así quiere decir que estamos vivos. El problema viene cuando la realidad nos pone a veces barreras casi imposibles de franquear. La realidad en este caso es la industria editorial y los fondos de las bibliotecas.

Referencias en otras lecturas me llevaron a la búsqueda de este par de títulos: La razón estrangulada, de Carlos Elías; y Mujeres rebeldes, de Elaine Showalter. El primero es de 2008 y el segundo se publicó en 2002. Tienen relativamente pocos años, pero el de la feminista americana es imposible encontrarlo en ninguna librería. El de Elías solamente podemos hacernos con él a través de espacios como Iberlibro o a Amazon

Pero lo sorprendente no es que que la industria editorial promocione libros de consumo y entretenimiento. Como industria la conocemos y no como fundación cultural. Lo que me deja perplejo es que ninguno de los dos títulos se encuentre en ninguna de las bibliotecas de la comunidad en la que vivo, excepto en la de la universidad. Y no podemos acudir a la justificación de los recortes, pues ambos son anteriores a que se empezaran a aplicar en los presupuestos de las mismas.

De momento, me he conformado con leer en pantalla el capítulo de Mujeres rebeldes dedicado a Susan Sontag, así como la crítica que José Pío Beltrán hizo de La razón estrangulada y el capítulo introductorio. No es mucho, pero es suficiente como para que las ganas de leerlos hayan aumentado, lo mismo que mi malestar con las bibliotecas que me rodean en un círculo de casi 100 km de radio, que ya son bibliotecas.

Estas situaciones y algunas otras similares son las que cada vez me convencen más de las ventajas de que los propios autores creen sus espacios independientes y autogestionados en la red. Para eso, claro, hay que olvidarse de la industria y partir del conocimiento. El libre flujo de ideas no mercantilizadas puede ser el gran salto del siglo XXI y hacer posible de una vez el saber verdaderamente compartido.

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