sábado, 31 de enero de 2015

PEQUEÑO TRATADO DE LOS GRANDES VICIOS

Comencé a leer este libro por curiosidad, seguí leyéndolo como fuente de documentación y lo terminé sin saber muy bien qué era lo que había llevado a Marina a escribirlo. 

La verdad es que los grandes vicios —pecados en terminología católica— me interesan poco. La literatura medieval sobre los mismos, menos, a no ser que sea como búsqueda de la anécdota o como expresión de antropología histórica. El libro, en realidad, me salió al paso una noche que estaba de viaje y no tenía nada para leer. Era Marina, autor más que solvente, y cualquier forma de pensamiento me atrae.

Sin embargo, uno recorre el libro y da la impresión de que le falta algo, de que el autor no termina de decir lo que parece que quiere enunciar, pero que nunca llega, pues quedarnos en que todo depende de si estoy más de anábasis —impulso hacia arriba— que de katábasisimpulso hacia abajo— me parece pobre. Añadir que la pasión tiene dos caras, también, aunque en la que más se abunda a lo largo del texto es en la negativa. 

Tal vez mis expectativas fueran excesivas; en cualquier caso, el comentario de la contraportada Marina (...) se acerca al corazón de las tinieblas, de donde acabará saliendo un resplandor oscuro, me parece una abultada exageración, o es que yo soy muy frío. Más me ha parecido un paseo cultural por algunas citas de muy diferentes autores con respecto al tema. Tanto es así que lo que más me ha interesado ha sido el apéndice Autobiobibliografía donde comenta títulos que ha utilizado para redactar el suyo.

En cualquier caso, yo no soy nada más que un lector con su propia opinión. Otros habrá con opiniones distintas y, seguramente, más solventes que la mía. Y a los que no les importe el roce con la metafísica ni las esencias.

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