viernes, 3 de octubre de 2014

PARA ACERCARSE SIN MIEDO A LA FILOSOFÍA

Para mis alumnos de Ategorrieta

Foto de Pedro Colmenero
Estoy convencido de que no hay mejor maestro que aquel que es capaz de despertar las ganas de saber en quienes le escuchan. La materia poco importa, si ésta se convierte en un bloque de conocimientos que tenemos que adquirir porque sí. Aquello que aprendamos con el único objetivo de superar un examen, pronto desaparecerá de nuestra memoria y, desde luego, nunca nos acompañará. 

En este sentido, la primera aproximación a la Filosofía debe hacerse desde el convencimiento de que ningún otro conocimiento le es ajeno. Cualquier saber que nos ayude a entender mejor el mundo puede y debe ser integrado en el desarrollo de la asignatura. La frase de Terencio, Nada humano me es ajeno, cobra aquí pleno sentido.

Hoy, de hecho, la pregunta por el ser humano —¿hay alguna pregunta más filosófica que ésa?— puede encontrar una respuesta más o menos intuitiva y estimulante, pero en absoluto convincente, en los textos de grandes pensadores como Aristóteles, Platón, Kant o Unamuno. Sin embargo, si queremos encontrar una respuesta medianamente concluyente, no podemos excluir de ninguna manera las respuestas de la Biología.

Y si nos preguntamos por qué hacemos lo que hacemos, qué da sentido a nuestros actos o qué nos está permitido esperar, además de leer y debatir las respuestas que se han dado desde el pensamiento filosófico, no podemos obviar de ninguna manera el aporte de un conocimiento científico tan aparentemente al margen de la filosofía como es la neurociencia.

Querer saber es el impulso que necesitamos para poder empezar a buscar respuestas. Con qué respuesta nos conformemos va a depender de hasta dónde estemos dispuestos a preguntar, es decir, hasta dónde llegue nuestra curiosidad. Este impulso, este afán de saber —y eso es lo auténticamente filosófico—, si somos honestos con nosotros mismos, se convertirá en un cúmulo de preguntas que a veces encontrarán alguna respuesta que nos llevará a nuevas preguntas.

En este camino, mi propuesta para empezar a navegar por el apasionante océano de la filosofía se reduce, de momento, a estos títulos:
  • Simploké. De Bueno, Hidalgo e Iglesias. Un manual de Filosofía para 3º de BUP que nunca llegó a buen puerto, pero que se puede convertir en un elemento de consulta para empezar a plantearse muchas preguntas. Está descatalogado, pero todavía se encuentra en algunas librerías.
  • Historia de la Filosofía occidental. De Russell. Un clásico para no perderse entre lo que dijeron los grandes maestros del pensamiento. Claro y ameno.
  • La naturaleza humana. De Mosterín. Imprescindible para empezar a buscar respuesta sobre quiénes somos.
Los tres, si los leemos con atención, nos llevarán a nuevas preguntas y renovadas ganas de saber.

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