lunes, 26 de mayo de 2014

ANTAGONÍA, de Luis Goytisolo

Hoy, lunes, toca algo más sesudo.

Este título se me impuso por su precio. Había terminado de hacer la compra en uno de esos supermercados gigantescos cuando me acerqué a tontear un rato en la sección dedicada a los libros y me llamó la atención que tuvieran ejemplares de Anagrama y que además tuvieran un título de Luis Goytisolo. Lo cogí, le di la vuelta y ahí estaba la pegatina: 12,50€. 

Es cierto que el libro no es nuevo. Las cuatro historias que componen esta monumental obra, posiblemente por razones comerciales, se editaron y se vendieron de forma independiente (1973, 76, 79, 81), pero como título único, que es como la había concebido Goytisolo, salió al público en 2012 y su precio en cualquier librería es el doble. Me la llevé.

La novela no es un best seller, y como ya sabemos que la novela admite todos los géneros, en muchas ocasiones deja de ser novela para convertirse en ensayo, en metaliteratura, en juego lingüístico, estos enredos con los que a veces gustan tanto de jugar los escritores para, dicen, ir más allá de la realidad o, en otras ocasiones, captarla mejor.

Antagonía es una colosal obra de más de 1100 páginas en las que el autor ha realizado un tremendo esfuerzo para contarnos tal y como lo cuenta (en el modo está la dificultad) su visión de Cataluña y la burguesía catalana durante la época franquista, pero no me atrevo a decir que tanto esfuerzo haya alcanzado su fruto. Desde luego, quien se aventure a leerla tiene que hacer un esfuerzo similar o mayor al del autor para no perderse entre frases larguísimas que a veces carecen de puntuación y en la que, sin señal de ningún tipo, cambia el hablante, el tiempo y el motivo. Afortunadamente, no todo el libro, ni mucho menos, está escrito así. 

Yo, de todas formas, lo que peor llevo de una novela es que se convierta en un cúmulo de reflexiones sobre lo que debe ser o no ser una novela, that is the question, hor dago koska. Me gusta mucho el ensayo, pero me parece una tomadura de pelo que la narración, sin previo aviso, se convierta en una reflexión sobre en qué consiste o en qué no el noble oficio de contar. Todas esas páginas me sobran, aunque reconozco que tiene su punto humorístico cuando en la página 999 (¿ha sido intencionado?) podemos leer:

...no es difícil descubrir la huella de Luis Goytisolo: esas largas series de períodos, por ejemplo, esas comparaciones que comienzan con un homérico así como, para acabar empalmando con un así, de modo semejante, no sin antes intercalar nuevas metáforas encabalgadas, metáforas secundarias que más que centrar y precisar la comparación inicial, la emprenden y hasta la invierten en sus términos, no sin antes sentar las bases de nuevas asociaciones subordinadas, no sin antes establecer nuevas relaciones de concepto no más afines entre sí, y nuevas asociaciones de apariencia no menos coloidal, que el mercurio y el azufre que mezclan los alquimistas.

Sea como fuere, la novela tiene sus momentos de intensidad emocional, sus momentos (incluso) de intensidad narrativa, sus hermosas descripciones del paisaje rural y costero. Y ha tenido o tiene sus defensores a ultranza como Valente, Cabrera Infante, Carnero, Gimferrer o su prologuista, Ignacio Echevarría. También hay que decir que todos ellos son propensos, en general, a la inclinación vanguardista, experimental y hermética.

Os dejo aquí el enlace a un análisis más pormenorizado y reflexivo de la obra que el mío (también más favorable), dentro de los muchos que podéis encontrar en internet. 

¿Se convertirá Antagonía en otra obra más de esas de las que algunos "expertos" hablan mucho y la mayoría de los "lectores" ignoran?

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