lunes, 27 de enero de 2014

LA VIDA DE LAS MUJERES, de Alice Munroe

Atraído por la publicidad del Nobel me hice con este libro hace tres meses y lo he leído, muy a gusto, la semana pasada. 

La novela nos cuenta la historia de una chica, desde su infancia hasta que termina los estudios de bachillerato, en una pequeña localidad canadiense. A través de ella vamos conociendo a los personajes de su familia y la vida del pueblo en el que habita. Todo muy normal, muy costumbrista, un punto nostálgico (típico de las miradas al pasado) y cierto aire decadente y tristón. 

Pero el vigor de la historia no se encuentra en lo que nos relata, sino en el lenguaje limpio, eficaz y preciso, en ocasiones tan preciso como un bisturí. Un ejemplo: ... Allí las conversaciones tenían muchos niveles, no podía decirse nada de forma directa, todas las bromas podían ser una puñalada por la espalda. La desaprobación de mi madre era abierta e inconfundible, como el mal tiempo; la de ellas (se refiere a sus tías) llegaba como si de pequeños cortes de navaja se tratase, de un modo desconcertante, en medio de la amabilidad.

Otra virtud de la escritura de Munroe es, a mi entender, la claridad con que nos habla de las mujeres. Si Virginia Woolf nos habituó al discurso y al protagonismo femenino en el mundo narrativo, la escritora canadiense lo hace de forma natural, como si estuviéramos tomando el té con ella y fuéramos cómplices de lo que nos cuenta. Y sin darnos cuenta sabemos de todos los deseos, miedos, ilusiones, esperanzas y sinsabores de las mujeres que pueblan esta historia.

No es un clásico, no tiene la vibración de las grandes pasiones, de la apabullante vida que se desborda por cada párrafo, porque es una novela del siglo veinte, esto es, contemporánea, y ahora nos ocupamos de los recovecos de la vida cotidiana. No es un clásico, cierto, pero se lee muy bien.

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