domingo, 25 de agosto de 2013

POETAS DEL SIGLO XXI.

Este libro puede ser una buena herramienta para orientarse en la frondosa selva de la poesía escrita en castellano durante los años 2000, 2001 y 2002, pues en él se recogen 76 críticas literarias, todas ellas publicadas previamente en la prensa especializada. Sin duda, el lector podrá encontrar algún (o muchos) nombres que desconozca y alguno ( o muchos) que puedan ser de su interés. Tiene la virtud de que ninguno de los autores se repiten.

Para quien no conozca a J.L. García Martín puede que le sorprenda en ocasiones la "dureza" de sus comentarios. De hecho, y para que no haya malentendidos, él mismo señala lo que entiende por crítica literaria en la página 267. Reproduzco el texto entero:

Recuerdo la indignación de Francisco Brines (...) tras leer en "fin de siglo" mis comentarios, poco elogiosos, a varios primeros libros: "¡La función del crítico no es esa! ¡Destacar lo que vale la pena, esa es la obligación del crítico! Pero tú disfrutas ensañándote con los débiles..."
No me parece que sea así, aunque, ciertamente, nunca he confundido la labor crítica con las obras de misericordia. Ni creo que el poeta joven, por el hecho de serlo, merezca especial benevolencia. Publicar poesía no es obligatorio. Alentar nuevas esperanzas, cuando hay tanto exceso en la demanda, quizá resulta más censurable que un antipático gesto de dómine.
Las vaguedades elogiosas poco comprometedoras, tan propias de quienes confunden la crítica con el brindis amical o la palmadita en la espalda, yo sólo las utilizo con los malos poetas que me parecen irrecuperables, y en la correspondencia privada.

Esto por lo que respecta a los poetas jóvenes, que era el tema de discusión con Brines. Lo mismo hace con los poetas mayores o consagrados cuando encuentra defectos imperdonables. Es decir, cumple con honestidad la función del crítico tal y como él la entiende, y señala, por tanto, virtudes y defectos del libro comentado, sin tener en cuenta la condición del autor, incluso si es amigo, o quizá por eso mismo. Vamos, que no se casa con nadie.

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