martes, 16 de abril de 2013

YO TAMBIÉN SOY UN ESCRACHE

¡Qué mal está la sociedad cuando el poder se tiene que refugiar en la mentira, la calumnia y la amenaza para defenderse de un grupo de ciudadanos que sólo pretenden que los que detentan el poder se avergüencen de su extraordinaria falta de sensibilidad para con los que no tienen nada!

Sí, yo también soy un escrache, yo también soy una persona indignada, yo también soy un delincuente por pensar y poner por escrito que esta sociedad está muy mal si el poder, en lugar de proteger a la ciudadanía, en vez de velar por los derechos más básicos de las personas menos pudientes, más desfavorecidas, persigue, multa y amenaza con la cárcel a quienes pretenden avergonzar por su falta de sensibilidad y de responsabilidad —pues ellos son los que tienen que legislar para que el derecho a la vivienda siga siendo un derecho real y no un derecho simplemente escrito en un papel (art 24.1 de la Declaración de DDHH)— a  quienes deberían ocuparse de que esta situación de desamparo desapareciera.

Sí, yo también soy un escrache y soy también un pacifista —pruebas de ello hay en este mismo blog—, un defensor de que los cambios en la sociedad deben ir acompañados del debate, del intercambio siempre rico y luminoso de ideas, y de todo tipo de acciones, siempre al margen de la violencia, que impulsen una sociedad mejor y más justa. De hecho, los primeros escraches nacieron para reivindicar los DDHH.

Lo que no puedo entender desde ningún punto de vista racional es cómo la desvergüenza del poder reclama la intimidad para los poderosos cuando durante décadas el cobrador del frac era un sujeto que se dedicaba a realizar escraches para avergonzar al insolvente delante de todos sus vecinos y esa acción era legal y tenía todas las bendiciones del poder... especialmente las del poder bancario. Y ahora ellos, cuando se ven avergonzados delante de la población dicen que es ilegal. Es más, alguna boca más sucia que las otras, habla  incluso de terrorismo. ¡La desvergüenza del poder y del dinero carece de límites!

Sí, yo también soy culpable por escrachear, de manifestarme, de decir lo que pienso, de reivindicar de forma pacífica que los gobiernos cumplan con su deber de defender en el territorio que administran que los DDHH se hagan efectivos.

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