martes, 9 de abril de 2013

ADORNO

Hablar de Adorno, y con él de la Escuela de Fráncfort, es reivindicar el pensamiento crítico, lo que deberíamos hacer ahora y siempre.

Adorno escribió el texto que aparece aquí en colaboración con Horkheimer cuando ambos estaban en EEUU —de hecho, prácticamente todos los componentes del Instituto de Estudios Sociales tuvieron que salir huyendo de la Alemania nazi, y buena parte de ellos se quedaría a vivir en EEUU una vez acabada la 2ª Guerra Mundial—.

Básicamente, lo que nos dicen en el texto es que la sociedad actual es profundamente científica y tecnológica porque el impulso ilustrado nos ha conducido a dominar la naturaleza desde el uso de la razón. Nuestras armas racionales se han impuesto y nos han conducido a un dominio absoluto de cuanto nos rodea, incluidas personas y mecanismos sociales. Ahora bien, se trata de una razón instrumental, que aplicamos de forma contundente para hacernos con las cosas. Nos dotamos de todo tipo de mecanismos técnicos y tecnológicos, abrumadoramente científicos, profundamente racionales, pero no nos preguntamos sobre su finalidad, es decir, ¿qué pretendemos con todo este dominio?, ¿qué queremos?, ¿cuál es el objetivo? En definitiva, ¿es verdaderamente racional el uso y aplicación que hacemos de la razón?

La Dialéctica de la Ilustración se escribió en una época convulsa, es cierto. Una época en la que la razón se ejercía como elemento de dominio y cuyo resultado fue millones de muertos. Sin embargo, lo que Horkheimer y Adorno denunciaban sigue estando absolutamente vigente. Aquella función totalizadora del pensamiento engendró monstruos. Hoy los monstruos siguen estando entre nosotros, aunque, quizás, un poco más difuminados. Mantener el pensamiento crítico y divergente es una necesidad vital.

Es cierto que hoy el pensamiento de Adorno ha perdido pegada. No estamos en los años de la posguerra (mundial), el bloque soviético se ha hundido, el marxismo como ideología no levanta cabeza y su estilo es un tanto oscuro. Si sumamos a esta situación el que el estudio de la Filosofía tiene un algo de adolescente —por eso del descubrimiento del mundo y las teorías que tratan de explicarlo—, es difícil encontrarse con alguien que esté leyendo a Adorno, o cualquier otro filósofo, si no es porque está estudiando Filosofía. A pesar de todo, sigue siendo una lectura muy recomendable, si bien quizás lo mejor sea empezar con textos más asequibles como Filosofía y superstición (en el enlace se encuentra el tercero de los cinco artículos que contiene el libro, el más interesante en mi opinión).

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