sábado, 10 de noviembre de 2012

UN POEMA DE ANÍBAL NÚÑEZ

                     CUARZO

Cuarzo de seis paisajes
y seis del cielo, hollado
por los que distribuyen
signos. La luz no sigue
la historia de los hombres. Es muda,
choca y vuelve,
deja inocuo color en sus obstáculos;
o se aloja; se irisa donde hubo
el cóncavo mordisco de la herramienta. Oh, cuarzo,
exime a tus aristas del tacto aquel del hijo
perplejo que hubo de 
desearte  y cogerte
y llevarte a la casa de la doliente duda
en donde habita herido y sobrevive alado.

Este poema cierra el libro del mismo título y es una recapitulación de todo él. Es, por eso mismo, uno de los más significativos e interesantes de toda la entrega.

Los primeros versos son una referencia al propio libro —organizado en seis apartados, lo mismo que el propio cuarzo cuando se nos presenta con apariencia hexagonal;seis son también las letras del nombre del autor— y al trato recibido por la crítica —los que distribuyen los signos—. Podemos ver aquí, también, un paralelismo con la naturaleza, tan maltratada por la especie humana (la alusión a la naturaleza es una constante en la obra de A. Núñez). Pero el poeta va más allá de esta corta mirada: el cuarzo representa, así mismo, la palabra esencial, la palabra original, la que por sí misma significa. A ella, claro, se opone el lenguaje que utilizamos a diario, ya corrupto por el uso mercantilista de la publicidad, de los intereses, de las ideologías, por el poder. Por lo tanto, el poema nos habla de la poesía, del "decir" del poema al que se aspira.

Este decir primigenio de la poesía no es el decir habitual de los hombres, no comparte la manera de entender la belleza que tiene la sociedad, porque su belleza es natural, no contamina los objetos, no hace propaganda de sí misma —es muda—, aunque el artista, el poeta, puede colaborar al embellecimiento si se aproxima a ella con el espíritu del obrero, herramienta en mano.

Los últimos versos, la última oración, son una invocación para que todo cuanto el cuarzo representa (contención, esencialidad, dureza, belleza, naturalidad), que no es otra cosa que la concepción poética de Núñez, saque al poeta de la perplejidad y la confusión en la que vive y le ayude a encontrar la palabra pura e inocente.

El último verso, bellísimo.

PS: El poema, en cualquier caso, se entiende mejor en su contexto, es decir, dentro del libro al que pone fin.

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