jueves, 17 de mayo de 2012

LA PESCA DEL SALMÓN EN YEMEN

Digamos que la novela parte de esa típica pregunta que hacemos para empezar a maquinar situaciones: ¿qué pasaría si...? Pues bien, lo que se plantea en la pregunta está en el título.

Ese absurdo sirve para que el autor nos muestre el más absurdo aún (por inhumano, por hipócrita, por interesado) submundo de la decisiones políticas, de los despachos y de las ideologías.

Y si a la pregunta inicial le añadimos un jeque árabe lleno de ilusión, un biólogo más bien pánfilo, una ejecutiva con novio desaparecido, unos políticos que sólo se miran el ombligo (es decir, los votos), un grupo terrorista enloquecido y tan ombliguista como sus compañeros del norte y unos cuantos salmones, el resultado es una divertida novela, en la que casi todo es posible, menos los finales felices.

Llena de humor y manejando muy bien las dosis de acidez y situaciones absurdas (especialmente buenas son las que se producen entre el biólogo y su mujer, y el biólogo y los diferentes despachos, que hay muchos) el autor hace reírnos en más de una ocasión.

Me gusta, también, el estilo fresco, esa forma de componer la historia utilizando intercambio de correos electrónicos, informes de viabilidad, fragmentos de diarios personales, actas del parlamento inglés o elementos de interrogatorios policiales. Todos esos elementos le dan agilidad a la historia y funcionan muy bien, como si nosotros, lectores, estuviéramos dentro de la narración.

PS: Me dicen que la película no es lo mismo, que es más tiernecita, que todo es más suave, menos crítico y que, además, no hay 15 o 20 años de diferencia entre la ejecutiva y el biólogo, tal y como puede apreciarse en la portada del libro —sacada de la peli—, y que sí hay historia de amor.

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