martes, 1 de mayo de 2012

EL SUEÑO DEL CELTA

Hay escritores por los que siento pasión. Uno de ellos es Vargas Llosa. Me encanta su estilo, su frase perfecta y profunda, su verbo fácil, su capacidad para crear personajes y situaciones. Pero la persona que ha escrito El sueño del celta no es el escritor grande que redactó tantas y tan buenas novelas con anterioridad.

Hay también editoriales en las que suelo confiar. Alfaguara solía ser una de ellas. Seleccionaba buenos textos (todos nos equivocamos, qué duda cabe) y solía tener un buen plantel de lectores-correctores. Ya no hay correctores en las editoriales (y esto no es culpa de la crisis, puesto que desaparecieron antes de que la crisis nos pringara a todos).

Digo todo esto porque me causa una gran pena leer la novela de un gran escritor salpicada de cuando en vez de errores gramaticales y sintácticos. Errores que en absoluto obstaculizan la lectura, pero la afean; más chocantes aún cuando estamos ante la obra de un escritor de semejante talla.

Pero no es este el problema de la novela. La novela no funciona bien, en mi opinión, porque se nos escamotea el argumento principal, ese capítulo (o capítulos) en el que viéramos qué hechos, qué ideas, qué sentimientos van horadando la personalidad, las creencias, la vida misma de R. Casement para que se produzca el salto de inglés que trabaja para la diplomacia inglesa a irlandés que aborrece todo lo inglés.

La novela tampoco funciona bien porque, en mi opinión, el paso por el mundo colonial del protagonista (el Congo y la Amazonia peruana) tiene el aspecto, y por tanto la frialdad, de un informe técnico. En un buen libro de Historia hay más interés y más calor. Seguro que en los informes que redactó el protagonista de la novela, también.

La novela sigue sin funcionar porque se nos presenta un personaje de hace un siglo con descripciones, sentimientos, ideas y carga psicológica de un personaje actual, lo que produce una sensación de rechazo continua. No nos acabamos de creer la pureza de un espíritu tan pulcro (a pesar de que en la contraportada se nos hable de "una aventura existencial, en la que la oscuridad del alma humana aparece en su estado más puro") y angelical que se nos presenta, hasta cuando juega a la política más sucia en medio de la Gran Guerra.

En fin, que me gustaría mucho que en la próxima novela que publique nos vuelva a ofrecer un gran historia, de esas que sí sabe hacer. O si no, que antes de hacerla pública, alguien le diga: Mira, Mario, esto no está a tu altura. Dale un par de vueltas más.

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