sábado, 21 de abril de 2012

LO BUENO, SI BREVE, DOS VECES BUENO

Se lee este clásico con la misma soltura y provecho con que se podía leer en el siglo XVII, cuando fue publicado por primera vez. Está compuesto por pequeñas reflexiones y comentarios en torno a un tema, que es el que encabeza el susodicho comentario. Generalmente, se habla del libro como de una recopilación de aforismos. Hoy lo traigo a este espacio para dejar constancia de la más conocida sentencia de Baltasar Gracián: lo bueno, si breve, dos veces bueno, pues si la frase es todo un acierto, el texto que la acompaña es tan de subrayar como la misma. Paso a copiarlo:

105. No cansar. Suele ser pesado el hombre de un solo asunto y el que habla de un solo tema. La brevedad agrada y es útil: gana por lo cortés lo que pierde por lo corto. Lo bueno, si breve, dos veces bueno; incluso lo malo, si poco, no tan malo. Más consiguen quintaesencias que fárragos. Es una verdad común que el hombre largo (no tanto en estatura como en discurso) raras veces es sabio. Hay hombres que más sirven de molestia que de adorno del universo. Son alhajas sin estimación que todos rechazan. El discreto debe evitar molestar y mucho menos a grandes personajes, que viven muy ocupados, y sería peor irritar a uno de ellos que el resto del mundo. Lo bien dicho enseguida se dice (pag. 61, Temas de Hoy, 1993).

Existen muchas ediciones de este clásico, casi todas ellas introducidas por buenos comentarios, pero si queréis leerla en pantalla, podéis hacerlo aquí.

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