lunes, 20 de febrero de 2012

UNA EDUCACIÓN LIBERTINA

La verdad es que no me interesa ni poco ni mucho la educación libertina, ni la decadencia de la nobleza en el siglo XVIII francés, ni los ambientes sórdidos, ni los malos olores, ni los problemas existenciales de los arribistas, ni tantas de las cosas que aparecen en esta novela. De hecho, me hice con ella por una buena crítica que leí en algún lugar, pero sobre todo porque prácticamente no conozco nada de la novela francesa actual y me interesó sobremanera el que el autor la hubiera escrita entre los 22 y los 24 años, y con ella, además, ganara el Premio Goncourt 2009 a la primera novela, que ya es mérito.

La novela tiene mucho del pensamiento de Sade (no sexo) en los personajes de Gaspard y Étienne (maestro libertino el segundo, aprendiz y protagonista el primero), tiene la perspectiva histórico-olfativa de Süskind con respecto a la ciudad, tiene una gran parte de los maestros de la novela francesa del XIX en su viaje por París, y tiene bastante del maestro Proust en la minuciosidad de las descripciones (la mayor parte de la novela es descripción). Posiblemente tenga muchas más cosas de los grandes escritores del tema, pero lo ignoro todo de ellos, porque no he leído ni a Laclos, ni a Marivaux, ni Mercier, ni Beaumarchais.

En mi opinión, los tres valores más interesantes de la novela son: la riqueza de vocabulario del que hace uso, el punto de vista desde el que analiza la amoralidad de los personajes y la cita de Rousseau con que se cierra el relato. De las tres, la más me gusta es la tercera.

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