domingo, 5 de junio de 2011

J. J. ROUSSEAU

Por razones que no voy a explicar aquí, he tenido que releer este librito de Rousseau. De paso, para poder contextualizar, he vuelto a retomar otras cuantas obras suyas. Después de este repaso me ha quedado un regusto agridulce, porque la imagen del ilustrado no se corresponde con la que guardaba de mi época de estudiante, porque lo que decía el ginebrino lleva muchos años fuera de servicio en lo que responde a los detalles, porque frescura con que uno descubre las ideas de otros no es el cansancio con que se escuchan los discursos de ayer. A pesar de todo, quiero entresacar algunas frases que, en mi opinión, siguen teniendo valor de cambio semantico, social y político:

En tanto que un pueblo está obligado a obedecer y obedece, hace bien; tan pronto como puede sacudir el yugo, y lo sacude, actúa mejor todavía, pues recobrando su libertad con el mismo derecho con que le fuera escamoteada, prueba que fue creado para su disfrute (pag 27).

La transición del estado natural al estado civil produce en el hombre un cambio muy notable, sustituyendo en su conducta la justicia al instinto y dando a sus acciones la moralidad de que carecían al principio. Es entonces cuando, sucediendo la voz del deber al impulso físico y el derecho al apetito, el hombre, que antes no había considerado ni tenido en cuenta más que su persona, se ve obligado a obrar basado en distintos principios, consultando a la razón antes de prestar oído a sus inclinaciones (pag. 47).

Si se analiza en qué consiste precisamente el mayor bien de todos, o sea,  el fin que debe ser el objeto de todo sistema de legislación, se descubrirá que él se reduce a los fines principales: la libertad y la igualdad. La libertad, porque toda dependencia individual equivale a otra tanta fuerza sustraída al cuerpo del Estado; la igualdad, porque la libertad no se concibe sin ella (pag. 89).

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