domingo, 9 de enero de 2011

ALLEGRO MA NON TROPO


Tropecé la semana pasada con esta obrita del historiador Carlo M. Cipolla en una librería y no pude resistir la tentación de llevármela a casa. Supongo que en parte como pago a los derechos de autor que en su momento no hice (todavía conservo en casa la fotocopia del segundo de los textos), y en parte porque aún no había leído el primero de los ensayos. El segundo de ellos, Las leyes fundamentales de la estupidez humana, es archiconocido y se puede encontrar en muchos sitios de internet. El primero, El papel de las especias (y de la pimienta en particular) en el desarrollo económico de la Edad Media, es tan ingenioso y divertido como el segundo, pero no tan conocido.

Es un librito absolutamente recomendable. Lectura para una tarde (80 páginas), tirado en el sofá, en la que se quiera pasar un rato realmente divertido. El primero de los artículos es una parodia de esos estudios sesudos, llenos de datos económicos y argumentaciones fascinantes que suelen cautivar a los ingenuos, pero que no resisten una simple mirada sensata del asunto. Con agilidad sorprendente y con un humor lleno de lucidez, Cipolla nos sumerge en la importancia de la pimienta durante la Edad Media... y más allá. 

Quizá penséis que el tema no tiene tanta importancia, que la pimienta no da para tanto. Si así lo creéis, no podéis estar más confundidos o indocumentados. Leed con atención: La pimienta -todo el mundo lo sabe- es un potente afrodisíaco. Privados de pimienta, los europeos a duras penas consiguieron compensar las pérdidas de vidas humanas causadas por nobles locales, guerreros escandinavos, invasores húngaros y piratas árabes. La población disminuyó; las ciudades se despoblaron, mientras que los bosques y los pantanos se extendían cada vez más. Perdida ya toda esperanza de alcanzar una vida mejor en este mundo, la gente fue depositando cada vez más sus esperanzas en la vida del más allá, y la idea de obtener recompensas en el cielo la ayudó a soportar la falta de pimienta en la tierra (pag. 20).

Del segundo artículo tenéis una exposición muy amplia en el enlace que he dejado arriba, sobre el nombre del autor. Solo me resta desearme a mí mismo no verme afectado por la estadística que se refiere al número de estúpidos... que cultivamos la costumbre de escribir en un blog.

Feliz lectura.

1 comentario:

  1. Ambos ensayos son encantadores, recomendables ciento por ciento.
    Un saludo

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