sábado, 15 de mayo de 2010

ROBIN HOOD

Una película, como ocurre con cualquier otro producto cultural, puede ser una buena excusa para hablar de otra cosa que no sea la misma película. Incluso la propia película puede que nos hable de cosas ajenas al relato de los hechos que se nos presentan en pantalla. De hecho, hablar de Robin Hood (euskaraz) como personaje histórico, además de cansino, es, sobre todo, inútil, pues nos movemos en el campo de la leyenda.

Si vamos a ver esta película como una película más de aventuras, conscientes de que los niños (no todos, afortunadamente) solventan sus conflictos en la calle a base de bofetadas; si vamos a verla sin tener la más mínima idea de la Historia de Inglaterra, dispuestos a comer palomitas y a ver cómo han actualizado el personaje y lo han adaptado al gusto de los espectadores de películas de aventuras con toque histórico pretendidamente veraz; si aceptamos estas premisas, entonces, y sólo entonces, esta película nos puede hacer pasar un rato agradable.

Está relativamente de moda el cine épico y la industria cinematográfica no duda en recurrir a él para contarnos grandes gestas con las que el espectador pueda identificarse fácilmente y pensar poco. Los recursos están muy manidos: protagonista fuertemente maltratado por el entorno, evidentes injusticias sazonando todo el relato, historia de amor paralela, ambientación histórica que haga creíble lo que se cuenta, y mucha testosterona, porque el "hombre" es muy valiente y muy justiciero y muy defensor de "su" casa y de "su" familia y de "su" tribu (aquí podemos ampliar el territorio hasta llegar al término país, pero nunca más allá), y para defender como debe "sus" posesiones, tiene que matar a mucha gente. Cuantos más muertos y cuanto más se sufra en la batalla, mejor.

Está bien y es necesaria la implicación emocional en un relato. Sin embargo, cuando la historia carece de otro objetivo que no sea ese, el relato es falso. Cuando lo que se cuenta no tiene otro interés que la búsqueda de la complicidad del espectador con los protagonistas, la narración es, cuando menos, mentirosa. Ese es el recurso de quien no tiene nada que contar o no le interesa que el público haga ejercicio de su facultad de pensar.

Es el mismo recurso que utiliza Begoña del Teso en el comentario que aparece hoy en el diario para el que trabaja: Nos gusta esta película... ¿Quiénes somos nosotros? ¿Dónde están los argumentos que expliquen la calidad del filme? ¿Cuáles son las razones por las que se afirma lo que se dice? Está bien hacer uso de la subjetividad y de los gustos propios en la crítica cinematográfica, pero cuando la crítica se queda en sólo en eso, no es crítica, es puro capricho.

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