lunes, 4 de enero de 2010

AVATAR

Que el cine es uno de los grandes espectáculos de la sociedad contemporánea nadie lo duda. Tampoco puede ponerse en duda que es un arte, gracias al esfuerzo y el trabajo bien hecho de muchos y grandes directores. Ni tampoco dudamos del tremendo desarrollo técnico que hay detrás de muchas películas, ni de que es una de las grandes industrias en la actualidad. Y Avatar tiene grandes dosis de casi todo esto, menos de la segunda afirmación.

J. Cameron ha creado un gran espectáculo, más aún si se ve en 3D, lleno de atractivos visuales gracias, fundamentalmente, a la utilización de tecnología digital de última generación, pero no ha logrado, en mi opinión, una gran película. Para que haya una gran película tiene que haber -entre otras cosas-una gran historia, y aquí lo único que vemos es una pequeña historia del género fantástico -en el sentido en que pertenecen al género fantástico las historias de hadas, de gigantes o de bosques animados-, contada, eso sí, con muchos trucos sacados de la manga más sentimentaloide.

Veamos algunos de esos trucos: simplificación absoluta entre buenos y malos, como en los cuentos infantiles; apelación a típicos tópicos bien aceptados: ecologismo, diosa tierra madre protectora, el buen salvaje...; introducción de una historia de amor aparentemente imposible en una gesta fundadora de una nueva época; sufrimiento a raudales con final, contra toda lógica, feliz. Estos trucos siempre funcionan y crean una conexión afectiva muy potente entre el espectador y la historia. Es fácil dejarnos llevar.

Ignoro si, como dice Cameron, de aquí en adelante vamos a tener que acostumbrarnos a ver el cine de otra manera, esto es, en 3D. Supongo que si la cosa funciona -económicamente, entiéndase- habrá muchos más directores que se animarán a gravar sus películas en este sistema. Supongo que sí, porque lo propio de la tecnología es avanzar; lo mismo que pasamos del cine mudo al cine hablado, o del cine en B/N al de color. Es más, no creo que se tarde mucho en implicar otros sentidos, además del de la vista, en el espectáculo cinematográfico.

Evolución técnica aparte, las grandes películas se construyen cuando se es capaz de contar una buena historia. Y ésta es una historia para que el público se entretenga durante las vacaciones de navidad. Lo que no está mal, ni mucho menos, porque Avatar logra con creces entretener al público que acude a la proyección. Y tal vez sea ese y no otro el objetivo principal de la industria cinematográfica: montar un gran espectáculo que nos divierta durante un par de horas. ¿O no?

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