domingo, 11 de enero de 2009

SOBRE LA FELICIDAD


Dice Eduardo Punset que, teniendo en cuenta las últimas investigaciones científicas, “la felicidad (…) depende de la organización social” (El Semanal, 11-I-09); es decir, que nuestros sentimientos, nuestro estado de ánimo, se ven claramente afectados por la organización socio-política de la sociedad en la que vivimos.

Yo me tenía a mí mismo por una persona relativamente feliz, a ratos, incluso, muy feliz, especialmente desde que abandoné infancia y juventud, esto es, desde que alcancé la autonomía suficiente como para organizar mi propia vida y decidir por mí mismo. Pero, mira por dónde, ahora encuentro la explicación a ese desfase que existe entre lo que opinan mis hijos y la percepción que tengo de mí mismo.

Me dicen ellos de vez en cuando que soy un poco gruñón. Si es así, eso significaría que no soy una persona feliz, porque cómo puede ser feliz una persona que se manifiesta a disgusto o enfadada. Y ahí estaba la explicación: la mala gestión de los políticos hace que yo no sea feliz. Y no es que quiera ahora hablar mal de los políticos, pero datos hay más que suficientes para decir objetivamente que nuestro mundo funciona mal. Sólo con que exista una guerra ya es suficiente para afirmar que nuestra sociedad no funciona bien, y la realidad es que, al día de hoy, hay más de cien conflictos armados en nuestro planeta.

A pesar de todo, sigo considerándome una persona feliz. Debe de ser algo así como un empeñarme en querer ir a contracorriente. A contracorriente de la evidencia científica, a contracorriente de lo que ocurre en la sociedad -tanto próxima como lejana-, a contracorriente de lo que de vez en cuando me dicen mis hijos. O que me conformo con muy poco. Por ejemplo, con el placer que me aporta la lectura de un poema de W. Whitman, o con la satisfacción que me produce saber que mis hijos pueden decirme con absoluta tranquilidad que soy un poco gruñón.

Sea como fuere, intentaré seguir siendo una persona que se cree feliz y, desde luego, un poco menos gruñón cuando esté al lado de mis hijos. Mientras tanto, seguiré colaborando con Amnistía Internacional en cuantas campañas sean necesarias, a ver si logramos erradicar esa bestialidad que supone seguir matando personas legalmente a través de la condena a muerte. Esta es, por cierto, la dirección donde podéis colaborar en la erradicación de esa barbarie: http://www.es.amnesty.org/

Y que seáis felices.

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