miércoles, 16 de julio de 2008

YO ESTUVE ALLÍ

Es cierto que no llegué a tocar sus botas,

que ninguna gota de sudor suyo

cayó sobre mi rostro.

Tampoco salté al ritmo de sus canciones.

Ni tan siquiera di palmas

cuando la multitud lo hacía.

Pero yo estuve allí, sí,

yo estuve el día que Bruce Springsteen colapsaba San Sebastián

y lo que vi no me gustó.



Y, sin embargo, sus canciones me gustan

y el tipo me cae bien.

Pero hace mucho tiempo que dejé de creer en Dios

y soy demasiado racionalista

-o quizá demasiado mío-

como para que la fuerza contagiosa de la masa

me haga saltar

cuando no tengo ganas de hacerlo,

o tomar parte en el ritual de la autocomplacencia

cuando estoy en contra de las ceremonias.



Yo estuve allí

y vi

y oí

cómo Bruce Springsteen cantó y predicó y se dejó adorar.

Otros lo contarán de otra manera.

2 comentarios:

  1. Vaya...mejor no te pregunto qué tal el concierto...Ja ja ja!Ana

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  2. El concierto, la verdad, estuvo bien. Me explico: Bruce lo hizo bien y se ofreció desde el principio. Lo que me molesta es esa entrega religiosa a los grandes nombres, toda esa ceremonia de culto, como si fueran dioses.
    Hoy las misas cristianas han sido sustituidas por los conciertos de las grandes figuras internacionales y ellas son los sacerdotes y dioses a la vez de esta enorme y estúpida ceremonia de la confusión... consumista-comercial.

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