domingo, 13 de enero de 2008

INVIERNO

Todo vuelve a su ser más esencial,
todo queda recogido en sí mismo,
todo se emboza en un silencio primigenio,
todo es más sí mismo y menos otro.

Alguien camina con una amargura al hombro
y sus pasos son más dolor y menos movimiento.
Otro pasa baja nuestra ventana camino de un encuentro
y sus ojos son más ilusión, menos instante.
Desde el parque nos llega el alboroto quedo de los niños
y ese rumor es más infancia, menos algarabía.

La tormenta,
el agua que cae ladera abajo,
el llanto de una tarde desabrida y sin fortuna,
la nieve que cubre cuanto toca con su mágica presencia,
el día
y esa metáfora del día que es la noche,
el silencio
y su expresión más sutil: la música,
la esperanza del regreso, del sol, de los amigos,
el gris,
la niebla,
la falta de luz,
la persistente lluvia,
la mirada oblicua a través de los visillos,
el rugido del mar y el ulular del viento,
la aparente desnudez de la tierra,
las calles vacías,
el pitido de los trenes que van y vienen sin descanso…,
todo es más verdad
y, aunque aparentemente duerme,
todo nos indica nuestra propia esencia.



             De la colección El trancurrir medita su corriente.

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